
A juzgar por las palabras, los gestos y las señales en general –pero también podría estar equivocada- últimamente bastante gente me tira los tejos. Pero muy sutilmente, indirectas, nada lo suficientemente claro como para que a mí me dé pie a tirarme a la yugular del susodicho, sacarme de encima la piel de cordero y mostrarme como la loba que una vez fui, o al menos aparenté serlo.
Me voy acostumbrando a ello. Nunca he levantado muchas pasiones y, si ahora lo hago, me descoloca un poco pero no cambia nada mi forma de ser y de ver las cosas.
Sin embargo, algo sucedió ayer que me dejó más que bloqueada durante un buen rato.
Sin embargo, algo sucedió ayer que me dejó más que bloqueada durante un buen rato.
Me tiró los tejos una mujer. Alguien a quien conozco, alguien bastante atractiva, alguien a quien consideraba totalmente heterosexual.
Como todos, ella tampoco fue excesivamente clara y directa, lo cual en este caso agradecí. No hubiera sabido quizás cómo reaccionar ni cómo decirle que, al menos hasta el momento, nunca me han interesado las mujeres, aunque confieso que alguna hubo en alguna fantasía sexual.
Pensándolo bien, me siento halagada, es agradable gustar a alguien y creo que excitante si gustas a gente de ambos sexos.
Como todos, ella tampoco fue excesivamente clara y directa, lo cual en este caso agradecí. No hubiera sabido quizás cómo reaccionar ni cómo decirle que, al menos hasta el momento, nunca me han interesado las mujeres, aunque confieso que alguna hubo en alguna fantasía sexual.
Pensándolo bien, me siento halagada, es agradable gustar a alguien y creo que excitante si gustas a gente de ambos sexos.
Sigo mirándome al espejo y, aunque ya no soy aquella gran chica que fui, sigo siendo la misma en el fondo, los mismos deseos, las mismas pasiones, las mismas tentaciones,… cada vez más dispuesta a caer en ellas pero las tentaciones cada vez están más distraídas.