lunes, 20 de mayo de 2013

Una sirena en mi bañera



Desde que ella entró a trabajar en el restaurante, acude a casa tarde, ya bien avanzada la noche, todos los días.
Casi siempre se repite el mismo mágico ritual a su llegada, que yo escucho desde mi cama. Pasa por la cocina, abre la nevera, bebe agua o un refresco, suelta el bolso y las llaves del coche en la encimera, sube las escaleras y se dirige al baño que hay enfrente de nuestra habitación.

Abre el grifo de la bañera-jacuzzi, y a pesar de los borboteos del agua, casi siempre oigo o me parece oir cómo se desliza la ropa por su cuerpo, hasta quedar tirada en el suelo. Oigo cómo entra dentro y a veces hasta me parece percibir cómo los borbotones de agua suenan entonces de manera diferente, como marcando un jolgorio orgásmico al chocar al fin contra su piel, contra su cuerpo.

A veces camino descalzo, de puntillas, y me asomo un poco por la puerta si es que ella la ha dejado entreabierta. Por la posición de la bañera, sólo alcanzo a ver sus piernas. Sus maravillosas piernas.
El agua las acaricia, ella se queda totalmente quieta algunas veces, y otras se mueve algo inquieta en el agua. En cualquier caso, el hecho de poder ver sólo sus piernas desde aquella posición me hizo jugar con la idea de que tenía una sirena en mi bañera.



Cuando sale de la bañera, vuelvo a mi cama y me hago el dormido. Oigo entonces el tapón del bote de su crema hidratante, y ese adorado, íntimo y conocido perfume empieza a inundarlo todo, y unos minutos más tarde, el ruido del secador de pelo.

Ella se mete en la cama. Si percibe que estoy despierto, se acurruca contra mí, buscando calor, y sabiendo que el roce de su cuerpo contra el mío, el olor y la tersura de su piel, y sus ojos llenos de lujuria acabaran haciendo que me abalance sobre ella y la folle tantas veces como mi capacidad me permita.

Cuando estoy dormido, es más sutil. No se abraza a mí. Suele meterse por debajo de las sábanas, y acercar mi pene a su boca, lamerlo un poco suavemente….en este instante, yo empiezo ya a despertarme; entonces lo coge entre sus manos, me masturba,…en este punto aún dudo de si estoy despierto o teniendo un sueño con erección nocturna. Y cuando ya ha conseguido que mi pene esté completamente erecto y a punto de reventar, a veces decide volver a metérselo en la boca, otras se sube encima de mí, otras lo suelta y lo acaba de reventar metiéndolo entre sus tetas,...A veces estoy dormido en realidad cuando ella acaba su baño, pero otras, sólo lo simulo.



Esta noche la veo una vez más, desde un ángulo lateral de la entrada al baño. Veo sus piernas como siempre. Mi sirena. Hoy no la espero en la cama ni me hago el dormido….entro, ella no se da cuenta, está con los ojos cerrados, casi dormida, meto una mano en la bañera, el agua está tibia, agradable, y empiezo a acariciar sus pies. Ella da un brinco, abre los ojos, sonríe y me invita a entrar con ella.
Nos colocamos cómodamente, yo me sitúo debajo y ella sobre mí. Me encanta cómo chapotea mi sirena en el agua.


Gracias Sr. Álex por contribuir con una foto de Natalia, tu obediente esposa, a esta locura mía de coleccionar fotos vuestras, de todos quienes queráis participar.
Supongo que no sólo fue obediencia sino también consentimiento, o sea, que ella estaba encantada con la idea de participar. Así es que dale las gracias de mi parte.
Y Natalia, si me lees,....porfa porfa porfa....consígueme una foto del Sr. Álex! (me conformo enormemente con la de su avatar). Os dedico esta entrada por vuestra colaboración y por ser maravillosamente excitantes!

jueves, 16 de mayo de 2013

Entre renglones, by Formalhaut



Quiero decirte que me gusta mucho tu blog, sigue así ;) Mi imaginación vuela, perdón por el tocho que te quiero escribir :)

No sé por qué, pero como escribes, te imagino en una biblioteca. Te gustan los libros. Estas allí, en una biblioteca en una sección de libros que te agradan.... mientras miras y tratas de encontrar el que estás buscando. Yo, que estoy a cargo del lugar, me siento atraído por una bella mujer como tú. Me acerco para preguntarte qué libros buscas, para ayudarte en tu tarea y hablar aunque sea unos minutos contigo. Estás tan bella. Me doy cuenta que tus piernas descubiertas, con una falda corta que te llega a medio muslo, me ponen. Me quedo detrás de ti, y te pregunto. Entonces tú me nombras el título del artículo que quieres. Te respondo que en la parte de abajo de la estantería está el libro que buscas. Me das las gracias y te inclinas hacia adelante para tomar el libro, que se encuentra muy abajo, cerca del suelo. Mientras lo haces, tu falda se levanta más y más, me pongo incómodo. Me encantaría mirar que llevas debajo. Me empiezo a ruborizar. Tú estás bastante inclinada, ajena a todo, buscando el libro pero aparentemente no puedes encontrarlo. Me empieza a agradar que no lo puedas hallar. Mi pene comienza a crecer, porque estoy viéndote el comienzo del culo. Tú pareces no enterarte de que la falda no está en su lugar y que me estás dando un buen espectáculo.
Ya tengo la polla dura como una roca. Tengo unas ganas inmensas de sacármela y enseñártela, pero no puedo. 
Ya no pude más, y sin hacer ruido, incliné un poco la cabeza hacia abajo para verte las bragas. (¿Sabes cómo me pondría verte las bragas a ti?) Luego de que te marcharas, tendría que ir corriendo al baño de la biblioteca a desahogarme.



Llevé mi cabeza y mirada más abajo mientras con una mano me rozaba por encima del pantalón mi erección. Parecía una eternidad, pero sólo has estado así inclinada unos segundos. Lo primero que observé es tu culito redondo, esta vez pude ver más de él, aunque aún tu falda tapaba más de medio culo, podía vértelo bien desde abajo, y acto seguido traté de llevar mi lasciva mirada a... dónde te estás imaginando. ¿Dónde crees que quería mirarte? 
Mi respiración se detuvo por unas centésimas de segundo, al notar que no llevabas bragas. Uff. Te vi un poco el coño. Estabas tan inclinada y con la falda alta, que me estabas enseñando medio culo y la parte final del coño. Lo traías depilado, yo estaba alucinando mientras te miraba la rajita. Me di un apretón en la polla mientras me daba saltitos de excitación dentro de mis pantalones, lo peor es que si te girabas, me ibas a ver una tienda de campaña de escándalo. Mi duro miembro ya goteaba liquido pre-seminal de la excitación.
Me puse de cuclillas para ya de una buena vez verte todo el coño que estabas exhibiendo. En ese momento, me hablaste. Me puse de pie como un rayo. Me dijiste que no encontrabas el libro, a lo que te respondí que lo sigas buscando que seguro allí estaba.
Aproveché los últimos segundos que estuvieras inclinada, y me volví a poner de cuclillas, esta vez mucho más cerca de tí. Estaba a escasos centímetros realmente, pero no me importaba. Estaba muy pero muy excitado con la polla a punto de estallar.

En esa posición nuevamente, volví a mirar y esta vez te vi todo el coño. Estaba cerradito, tenías las piernas juntas. Se veía estupendo. 

Surgió en mí el instinto animal de comértelo. Ya no podía pensar con la cabeza. Sólo estabas tú ahí inclinada, y un coñito que lamer. Me puse de rodillas, puse ambas manos a los lados a la altura de tus muslos en tus piernas, y llevé mi cara hacia adelante, saqué la lengua y le di una lamida de abajo a arriba a todo tu coño. Lo hice todo en un segundo.
Apenas lo notaste, te pusiste recta de pie, y me gritaste algo que ni oí que fue. Estabas furiosa. Pero no cedí. Te agarré fuerte de tus caderas y traté de inclinarte de nuevo, pero era difícil. Te sostuve mientras querías escapar, y metí mi cabeza entre tus piernas.Así podía mantener tus piernas ligeramente abiertas, y le di otra saboreada a tu vagina.

Tú volviste a gritar, pero afortunadamente nadie más estaba en el lugar. Nadie podía oírte por el momento
Yo me asusté, pero ahora no había marcha atrás, tenía que ponerte cachonda.


Intentabas zafarte pero no lo lograbas. Yo te seguía sujetando a mi máxima potencia de las caderas, pero me estabas venciendo. Con mi boca en tu rajita, logré algo de estabilidad y allí si comencé a comerte el coño con locura. Di lengüetazos por toda tu entrepierna, mientras te retorcías. Alcancé a lamerte el clítoris y allí sí que te podía controlar. No era lo más cómodo, pero me esforzaba por lamerte el clítoris, poco a poco empezaste a ceder. Ya no intentabas irte. Pude inclinarte como antes y con mis dedos te tocaba el clítoris para masturbarte. Noté como no podías aguantar tus gemidos. Estabas jadeando. Con dos dedos te abrí los labios del coño. Estabas húmeda, y mi saliva ayudaba a que te mojaras. 


Introduje mi dedo, y gemiste como una perra. No aguanté más y mientras te metía y sacaba el dedo del coñito que rezumaba jugos, me puse de pie y con la otra mano me quité el pantalón. Mi polla saltó hacia afuera.
Tú ya estabas inclinada por tí misma. Quité el dedo de tu interior y te pregunté si querías pollaTe inclinaste lo máximo que pudiste y me dijiste que querías que te follase ya mismo. 
Me arrimé a tí y coloqué la punta de mi polla en tu coño. Estaba muy caliente, y empapado. Estabas cachondísima. Empujé hacia adentro y diste otro gemido. Ahora ya tenías el coño lleno. Mientras te follaba con rapidez, estabas sujetándote de la estantería mientras estabas siendo embestida.
Te tocabas el clítoris y sentí como te venías, gemías mucho. Tu vagina se contraía y tus piernas flaqueaban, mientras yo seguía metiéndote toda la polla hasta el fondo. Una y otra vez. No aguantaría mucho más.
Sentí el climax y te la clavé entera, mientras mis huevos se empezaron a vaciar por completo en tu coñito. Mi pene no paraba de escupir semen... te la saqué y vi como la leche caliente bortaba de tu coño húmedo y rojizo, hinchado por la excitación. Permaneciste así, mientras el semen caía por tus muslos. 
Me subí los pantalones y me fui al baño a coger algo para limpiarte, pero cuando regresé, ya no estabas. Y faltaba un libro de la estantería.
Me pregunté cuándo regresarías a devolver el libro

viernes, 10 de mayo de 2013

domingo, 5 de mayo de 2013

Felicidades, mami



Hoy es el Día de la Madre. Normalmente no olvido “las fechas importantes”, pero ayer me sucedió algo que hizo que me fuese a dormir con la mente en otra parte y lo olvidé. Cuando lo he recordado, o más bien me lo han recordado, he cogido el teléfono para felicitar a la mía, a la madre que me parió, me crió, me educó lo mejor que supo, me dio y me sigue dando cuanto tiene –y lo que no tiene también- y a la que intento enseñar una lección: una madre no tiene por qué dejar de ser mujer. Nunca!

Y de las madres que conozco, se me ocurre a muchísimas más a las que felicitar, y no sólo por el hecho de ser madres.
Me gustaría felicitar a Mónica, quien se divorció tras descubrir una infidelidad de su marido, y tras la confirmación latente y vergonzosa por parte de él de que no pensaba dejar a ninguna de las dos. Ella se divorció, evidentemente, poco a poco fue capaz de rehacer su vida y lo más importante: ha conseguido mantener la entereza suficiente para mantener una relación cordial con él, para que sus hijos entiendan perfectamente que su padre y su madre seguirán estando ahí, junto a ellos, para lo que necesiten, aunque sea jugando en bandos diferentes.

También felicitaría a Maria. Ella tenía una relación con su pareja que fue deteriorándose poco a poco, una gran incompatibilidad que no supieron resolver. Y ella no se sintió excesivamente mejor después del divorcio hasta que descubrió al fin que ella era lesbiana, que su mente, su cuerpo y su corazón quizás habían estado siempre en otra parte aún sin que ella misma fuese capaz de reconocerlo o admitirlo, quizás por la educación que recibió. María ha logrado que su hija, hoy adolescente, entienda la homosexualidad como una característica más, y todo ello sin dejar que su padre y su madre sigan ocupándose de ella.

Y felicito a Marga, porque es una de las muchas mujeres que debe haber hoy en día, que mantienen una relación con una pareja a la que no quieren, sólo por el bien de sus hijos. Sabe que hoy, un divorcio, representaría para sus hijos abandonar la casa en la que se criaron y tener que ir a vivir con algún familiar, si lo hubiera, que pudiese darles acogida. ¿Existe mayor o mejor razón para vivir y sufrir el desamor que el amor a unos hijos?

Felicidades a todas las madres, especialmente a las madres coraje, madres sacrificio, y Madres con letras mayúsculas….porque no olvidemos que madre no es toda la que pare, y que hay madres excelentes sin haber parido.


martes, 30 de abril de 2013

Cuarenta grados a la sombra



Querida Maribel,

Ya llevo una semana aquí de vacaciones en el pueblo, con los tíos de mis padres, y lo estoy pasando genial. Hace un sol que abrasa, pero me llevaré de vuelta un buen bronceado.

Dentro de pocos días llegarán mis padres, con mi hermano pequeño, y entonces nos trasladaremos a casa de mis otros tíos…. Y ufff! Lo estoy deseando. Allí estoy mejor, porque estaré más tranquila….verás. Voy a contarte algo que no me atreví nunca a contarte.

¿Recuerdas cuando hace unos días salimos las chicas por la tarde a tomar un helado? ¿Recuerdas que estuvimos hablando sobre la masturbación y las cinco negamos rotundamente que nos masturbásemos?
Pues no es cierto. Yo no me lo creo. Y además te diré que yo mentí.

No hace mucho que empecé a hacerlo y ni siquiera recuerdo cuándo ni por qué. Pero sé perfectamente el cómo. Lo hago siempre igual. ¿Sabes ese cepillo redondo, bien gordote, con el que me aliso la melena? Pues con su mango de madera. No lo introduzco todo, sabes? Por alguna razón me duele, pero creo que algún día eso cambiará. Pero me acaricio con él. Abro las piernas, me acaricio con su punta a todo lo largo y ancho de mi sexo, y luego hay un punto en el que me gusta más…. Ahí sitúo el palo perpendicular, y lo muevo, rápido, muy rápido…y entonces….no sé muy bien cómo explicarte lo que siento. En la vida he sentido nada igual, nada tan placentero. No sé si eso es un orgasmo, pero si no lo es debe ser lo más parecido.

Al principio lo hacía por las noches. Me quedaba en la cama, leyendo, o a veces a oscuras, pensando…y esperando a que no se oyese ningún ruido en mi casa, a que todos estuviesen dormidos, para hacerlo… Y luego me quedaba dormida. Poco a poco, necesitaba hacerlo más veces. Acababa exhausta pero llena de una sensación que, como te digo, no sé explicar muy bien.

Ahora necesito hacerlo muchas veces, cuantas más mejor. Cada vez que tengo ocasión, me encierro en el baño, cojo el cepillo, me bajo las bragas y me acaricio, me introduzco el mango, sólo un poquito, apoyada contra la pared y sujetándome a la pila.

Hace muy poco he empezado a practicar con los dedos, con mis propias manos, con mi propia piel. El placer ha aumentado mucho más, y el control también. Creo que cada vez lo hago más y mejor.

¿Sabes que me pasó hace un par de días? Resulta que nos obligan a echar la siesta. La verdad es que debe hacer más de cuarenta grados, y otra cosa no se puede hacer con este calor tan sofocante. Como somos tantos en casa, yo comparto habitación con una prima de 19 años y con una prima de ésta, que tiene 7.
De repente, sentí unos deseos enormes de tocarme. No podía ir al baño pues la tía Antonia, que aún andaba fregando cacharros en la cocina, se daría cuenta, me preguntaría y me regañaría, mandándome a la cama de nuevo. Así es que esperé hasta que me pareció que tanto la chica como la niña ya estaban dormidas.


La habitación estaba totalmente a oscuras. Parece ser que así se está más fresquito, cerrando puertas y ventanas a cal y canto.
Desabroché el botón de mi pantalón corto, y metí mi mano entre mis bragas. Empecé a acariciarme. Estaba tan mojada, que parecía que me hubiese meado. Creo que nunca me lo encontré tan húmedo. Dicen que cuanto más excitada estés o más ganas tengas, más húmeda estarás.

Continué acariciándome. Noté desde el principio que esta vez era diferente a todas. Aunque intentaba no hacer ruido (me he vuelto una experta en eso), creo que me movía más de lo que lo hago normalmente. Movía mis caderas hacia mis propios dedos, empujaba más con ellas invitándolos a ellos a entrar más en mí, a acariciarme cada vez más rápido, más intenso…

Supongo que inconscientemente me estaba moviendo y entonces la niña me preguntó que por qué me movía tanto en la cama. Me quedé paralizada. No sabía qué hacer ni qué decir, y yo aún no había terminado….y tenía que terminar como fuese. No sé si tú conoces ya esa sensación o no, Maribel, pero cuando tienes ese momento, ya nada ni nadie puede pararte.
Le dije que se durmiera. Me dijo que no tenía sueño. Le insistí. Y finalmente, le dije que mecería la cama hasta que se quedase dormida.

De esta manera, pude acabar. Y aunque el placer fue mayor que ninguna otra vez, tuve que acabar mordiéndome un brazo para no gritar. Sólo esperaba que no me quedase ninguna señal y no tener que dar ninguna explicación.


Maribel, guapa….creo que nos han engañado. Creo que el sexo no es nada sucio o algo que sólo debamos practicar cuando nos casemos. Nos han estado informando mal, me parece.
De todos modos, prepárate. En septiembre empezaremos el instituto. ¿No es en esta época cuando se supone que pierdes tu virginidad, cuando sales con chicos, cuando tocas y te tocan? Sea como sea, abramos la mente, Maribel…..y si se puede, también las piernas! A mi vuelta seguiremos hablando de esto vale? Besitos.

Un pueblo de Extremadura, 7 de agosto de 19XX

viernes, 26 de abril de 2013

ble, ble, ble...



Imagen capturada en el blog de Toy


Uno de los piropos –o al menos yo me lo tomo como tal- que más me han repetido en los últimos tiempos es que estoy follable.

Las palabras que terminan en –ble (-able o ible, según la conjugación) significan que puede ser; así aceptable sería que puede ser aceptado y visible que puede ser visto.

Es por tanto indiscutible que si soy follable, debo parecer aceptable y visible. Por tanto, me parece inaceptable esta situación actual, ya demasiado perdurable.

Sin ser admirable, tampoco soy abominable. Y aunque hace bien poco alguien dijo que soy inescrutable (por cierto, no voy a publicar el comentario), en realidad soy totalmente alcanzable y “penetrable”.

Soy amigable y sociable, aunque esto no debería decirlo yo, pero algunos sabéis que éste es un dato fácilmente comprobable.

Me parece abominable y lamentable vivir situaciones como ésta, que para mí es innombrable, pues nunca me atreví a hablar de ella…aquí, porque eso me haría más vulnerable.

Aunque ahora no lo parezca, soy incansable, y voy a seguir pensando que hay sueños realizables al igual que lo son algunas fantasías inconfesables.

Gracias por ser tan adorable. Sí, te lo digo a ti.

lunes, 8 de abril de 2013

Las cosas que se curan





Hace mucho tiempo, antes de que embarrancase en esta Salida de emergencia, yo ya navegaba por estos mares. Antes de ser una aspirante a sirenita que intenta atraer con sus cantos a apuestos y fornidos marineros, yo era simplemente un lindo pececillo navegando por las corrientes de este cibermundo.
Por aquella época conocí a un tipo. Entablamos conversación privada en una especie de chat, nos fuimos conociendo poco a poco y nos caímos genial desde el primer momento. No sé si fue un fallo o no, pero obviamos las presentaciones; no nos hicimos las típicas preguntas de cómo te llamas, de dónde eres, cuántos años tienes y a qué dedicas el tiempo libre.
Entonces sucedió algo así como que nos encandilamos. No sé, no encuentro la palabra exacta (¿nos ciberencoñamos?).

Cuando más apegaditos estábamos y más ciberarrumacos nos hacíamos, llegaron las presentaciones. El señor en cuestión resultó tener una diferencia de edad más que considerable conmigo; él era mayor.
Fue una especie de shock pero curiosamente más para él que para mí. A mí no me importaba demasiado pero a él al parecer sí, y estuvo un tiempo intentando apartarse de mí, aunque no sin demasiado éxito.
Después llegaron las confidencias. Y poco a poco, sin pretenderlo, me convertí en su musa. Porque este señor escribía, y lo hacía de putísima madre, así es que imaginad cómo podía sentirme yo.


Y entonces llegó el momento en que decidimos acortar distancias y conocernos personalmente. Él me envió unas fotografías suyas. Sí, era mayor, bastante….. ¿y qué?. Yo no me encapricho y me desencapricho tan fácilmente. Al cabo de un par de días, yo le correspondí mandándole alguna fotografía mía.
Ya, ya sé que yo no era un cúmulo de cánones de belleza sino todo lo contrario, pero él tampoco era un Adonis precisamente. La cuestión es que su reacción fue decirme que yo no era lo que él esperaba, y poco a poco se fue apartando de mí. Evidentemente él cortó de inmediato cualquier posibilidad de encuentro, por muy remota que fuese, e incluso ante una taza de café.

Yo, que incluso en mis peores momentos siempre he pensado que quien no quiere estar conmigo no me merece, no insistí, no le acosé, ni le perseguí. ¿Para qué? Tan sólo le pedí explicaciones cuando incluso bloqueó su blog; hizo que sólo pudiesen acceder a él personas a las que él hubiese autorizado previamente. Y a mí no me lo permitió. No hubo respuesta. No me dio acceso a pesar de que yo era parte de más de la mitad de aquel blog.

Y poco a poco, todo se acabó y se olvidó. Hasta que un día este patito feo, empezó a ser un poco menos feo. Menos fea, menos gordita, más vieja y quizás por eso, más sabia….. Y haciendo limpieza de mi correo, me di cuenta de que conservaba su dirección. No os podéis imaginar la de cosas que conservo en el correo y durante cuánto tiempo!

Así es que al final una vocecilla disfrazada de demonio con cuernos y tridente, me dijo que le escribiese, que le dijese algo. Y otra vocecilla, disfrazada de ángel con sus alitas inmaculadas, me pidió que no fuese demasiado cruel. Y como ambas parecían estar de acuerdo, le escribí. Con palabras amables, creo que las justas y sencillas, le dije que yo no renuncié a él a pesar de la gran diferencia de edad. Y él sí lo hizo en cambio porque yo tenía algún que otro flotador de más anudado a mi cuerpo.
Le dije que cambié, que ahora estaba un poco mejor. Y que con el tiempo esperaba que él hubiese comprendido que hay cosas, como tener unos kilos de más, que pueden remediarse pero que ir avanzando en edad (y yo que me alegro, que conste) o la gilipollez, ésas no tienen cura, son inevitables.