
Bajó a la segunda planta del aparcamiento, donde tenía su coche, por el ascensor. Eran las tres de la mañana, había que extremar la seguridad.
Se dirigió a la cabina de los vigilantes para pagar por el tiempo que estuvo estacionada, y uno de los empleados le señaló un letrero: “Entre las 00:00 y las 08:00 horas no se aceptarán pagos en metálico salvo en los cajeros”. Pero dichos cajeros no aceptaban billetes de 50 € y ella no llevaba cambio.
Vió a lo lejos a un hombre que se disponía a abrir su vehículo. Corrió hacia él y le pidió cambio. El hombre la miro de arriba abajo, como si quisiera desnudarla con la mirada, y le dijo: “Te pago el parquing si me chupas la polla”.
Así, sin más. Ella se quedó un poco estupefacta pero pensó que aquel hombre no se imaginaba de lo que ella era capaz.
Se acercó a él, lo besó en la boca mientras acariciaba su polla, por encima del pantalón. Fueron sólo segundos lo que el hombre tardó en tener una erección increíble. Entonces ella le bajó la cremallera e introdujo su mano, y empezó a acariciársela. Sin parar de besarle, fuertemente casi mordiendo sus labios, le empujó entre dos coches. Le bajó el pantalón. Se arrodilló frente a él y se metió entera aquella verga en la boca.
Los vigilantes del aparcamiento observaban desde su puesto. Estaban lejos, pero podían intuir lo que estaba sucediendo. Hablaron de si debían ir a darles un toque de atención puesto que, aunque no había nadie a aquellas horas, podría aparecer alguien y amonestarles. Finalmente optaron por redireccionar la cámara de vigilancia más cercana a aquel sitio y observar más detalladamente lo que estaba sucediendo.
Ella chupaba la polla de aquel desconocido con ansia. Paseaba su lengua de arriba a abajo, dibujaba círculos en su glande, se la volvía a introducir y la sacaba,….sólo la dejó unos instantes para deleitarse en los testículos, redondos, ardientes,….y volvió a introducirla en su boca, que parecía sedienta.
El hombre sujetó la cabeza de la mujer y la acompañó en los vaivenes que él creía que aquella boca debía dar a su polla.
El hombre sujetó la cabeza de la mujer y la acompañó en los vaivenes que él creía que aquella boca debía dar a su polla.
Los vigilantes seguían observando, estupefactos.
- Oye, tío, qué fuerte…..se me está poniendo dura!
- Ni se te ocurra,….si te vas a hacer una paja te vas al lavabo
- ¿Y perderme esto? ¿Sin ver cómo acaba? Tú no mires, anda……….- y aquel hombre sacó su polla por entre la cremallera del pantalón y empezó a hacerse una paja, que quería culminar justo cuando culminara lo que sus ojos estaban mirando a través del monitor.
- Desde luego….es que eres un guarro, joder
- Sí, sí,….pero momentos como éstos no se viven cada noche. No te cortes tío…..lo que pasa en la cabina, queda en la cabina.
Y su compañero, sacó su polla ya dura a reventar. Y ambos empezaron a pajearse, sin dejar de mirar atónitos a aquella mujer que tan magistralmente la chupaba, mientras en sus imaginaciones la veían chupándosela a ellos.
- Oye, tío, qué fuerte…..se me está poniendo dura!
- Ni se te ocurra,….si te vas a hacer una paja te vas al lavabo
- ¿Y perderme esto? ¿Sin ver cómo acaba? Tú no mires, anda……….- y aquel hombre sacó su polla por entre la cremallera del pantalón y empezó a hacerse una paja, que quería culminar justo cuando culminara lo que sus ojos estaban mirando a través del monitor.
- Desde luego….es que eres un guarro, joder
- Sí, sí,….pero momentos como éstos no se viven cada noche. No te cortes tío…..lo que pasa en la cabina, queda en la cabina.
Y su compañero, sacó su polla ya dura a reventar. Y ambos empezaron a pajearse, sin dejar de mirar atónitos a aquella mujer que tan magistralmente la chupaba, mientras en sus imaginaciones la veían chupándosela a ellos.
Cuando el hombre estuvo a punto de correrse, la hizo incorporarse. Ella llevaba un vestido, con una cremallera por delante. Se la bajó. Vio que no llevaba sujetador y aquellos pechos le volvieron loco. Empezó a besarlos, a mordisquear sus pezones, duros, hasta que ella gimió de dolor.
Después, la giró encima del capó de un coche, le bajó y le quitó las bragas y desde atrás empezó a acariciar su coño. Estaba húmedo, muy húmedo, y abierto a él. Siguió acariciándoselo, no con mucha suavidad, pero el momento tampoco lo requería. Ella empezó a contonearse, a arquear hacia él su espalda, a frotarse contra él….
“Eres una zorra…..te vas a enterar”, y penetró su polla ardiente por el culo de ella, sin muchos miramientos. Ella gimió, mezcla de placer y dolor. Él la obligó a apoyar su cabeza y el tronco sobre el capó del coche, eso permitiría que la entrada en aquel culo maravilloso fuese más fácil.
Y la embistió, una y otra vez,…….mientras cogía sus nalgas con sus manos, y abría y cerraba aquel maravilloso y cada vez más dilatado agujero. En el momento de correrse, dentro de su culo, cogió sus tetas y las apretó fuertemente….nuevamente el dolor y el placer se hacían compañeros.
Y los dos gritaron, y él se estremeció, y ella quedó unos segundos exhausta sobre el coche, sin poder moverse.
“Eres una zorra…..te vas a enterar”, y penetró su polla ardiente por el culo de ella, sin muchos miramientos. Ella gimió, mezcla de placer y dolor. Él la obligó a apoyar su cabeza y el tronco sobre el capó del coche, eso permitiría que la entrada en aquel culo maravilloso fuese más fácil.
Y la embistió, una y otra vez,…….mientras cogía sus nalgas con sus manos, y abría y cerraba aquel maravilloso y cada vez más dilatado agujero. En el momento de correrse, dentro de su culo, cogió sus tetas y las apretó fuertemente….nuevamente el dolor y el placer se hacían compañeros.
Y los dos gritaron, y él se estremeció, y ella quedó unos segundos exhausta sobre el coche, sin poder moverse.
Al acabar, ella se vistió de nuevo mientras él se dirigió al cajero a pagar el tiquet de la chica. Cuando volvió, ella le entregó una nota.
Los vigilantes pensaron que ella le estaba dando su teléfono, o su dirección, para volver a recibir una nueva dosis.
La mujer montó en su coche y se marchó. El hombre subió al suyo, arrancó el motor, y con una sonrisa de placer en su rostro, leyó la nota:
Los vigilantes pensaron que ella le estaba dando su teléfono, o su dirección, para volver a recibir una nueva dosis.
La mujer montó en su coche y se marchó. El hombre subió al suyo, arrancó el motor, y con una sonrisa de placer en su rostro, leyó la nota:
“¿Lo ves, amor? Ya te dije que jugar a los desconocidos, y más si teníamos testigos, sería un juego muy excitante. Te espero en casa. Si puedes por el camino, párate a comprar leche que no hay para desayunar. Te quiero”.