
Llegué demasiado temprano a la oficina. Enseguida puse en marcha el ordenador, abrí las cuentas de correo y algunos programas que necesitaba.
Reinaba tal paz y tal silencio a esa hora que sólo se oía el ruido de las teclas. Mientras leía y contestaba algunos correos, pensaba que era una gozada poder escribir con todos los dedos en el teclado, sin mirar, que eso me abría una posibilidad de trabajar, leer y escribir mucho más amplia.
Pensaba en lo curioso que resulta lo que se llama mecanografía; cada dedo toca determinadas letras, determinadas teclas, cada dedo tiene su función.
Ya me fui a tomar el café y el cigarrillo, fuera. Y seguía pensando en los dedos, la de funciones que pueden llegar a realizar. Sexualmente hablando, me gustan todos mis dedos aunque hay uno preferido y otro que casi nunca uso: el pulgar.
Para mis ratitos de autoayuda y autocomplacencia el pulgar no me sirve de mucho. Pobrecito él!....un poco apartado del resto, y viendo cómo los demás –sobre todo uno al que envidia enormemente- se convierten en generadores de placer, y él sólo es mero espectador.
Tranquilo, mi pequeño pulgar. Tú eres muy importante también. ¿Recuerdas lo que hiciste el otro día? Algo tan importante y difícil como despertar y mantener excitación en dos personas a la vez.
Las dos manos juntas, con todos sus dedos, desabrochasteis su cinturón y bajásteis su cremallera. Ya se percibía que allí luchaba “algo” por ser liberado.
Las dos manos juntas, con todos sus dedos, desabrochasteis su cinturón y bajásteis su cremallera. Ya se percibía que allí luchaba “algo” por ser liberado.
Entonces, tú y tus dedos compañeros de la mano derecha cogisteis su pene, que empezaba a endurecerse….lo cogisteis y empezásteis a acariciarlo…..eso es un buen trabajo en equipo, muchachos.
Y de pronto, supongo que siguiendo las órdenes del que realmente manda -mi cerebro-, tú solito pequeño pulgar describiste círculos en aquel glande húmedo y apetitoso.
Creo que el cerebro te dijo que ibas bien, la erección de él aumentó y mi humedad también. Y estoy casi segura de que empezaron en ese mismo instante en que tú solito nos transmitiste a los dos esa mágica sensación electrificante.
(Nota: no he logrado encontrar una puñetera foto que ilustre lo que yo quería mostrar....sorry!)