sábado, 18 de enero de 2014
Entre dos amores
jueves, 24 de octubre de 2013
Ríos corren
lunes, 8 de abril de 2013
Las cosas que se curan
viernes, 21 de diciembre de 2012
Encapuchada
Encapuchada
Me coloco delante de ti y te beso suavemente los labios, mientras sigo acariciándote…
Bajo la cabeza y empiezo a acariciarte el clítoris con la lengua…chupándolo…succionándolo…recorriéndolo con la lengua por todo su alrededor mientras está dentro de mi boca…y te introduzco otro dedo…Y otro muy lentamente, en el agujerito del culo, suficientemente lubricado por la saliva de antes.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Hablar con propiedad
martes, 12 de junio de 2012
De carne y hueso
Una de las personas que conocí se llamaba Felipe, médico, de Madrid. Enseguida empezamos a hablar y a intimar, a contarnos parte de nuestras vidas, y un día él me dijo que quería llamarme, presentarnos directamente.
Nos llamamos, escuchamos nuestras voces por primera vez. No es que yo tenga una voz especialmente angelical, pero se convenció de mi condición de mujer.
Un día me dijo que quería hablarme, que estaba hundido: su padre acababa de fallecer. Su petición me pilló en mitad de una bronca con mi pareja. Le dije que no podía en aquellos momentos. Insistió. Me negué.
Es lo que tiene este mundo virtual, que a veces no sabes con quién hablas. Pues resolvamos la duda: soy una mujer. No soy una mujer cañón pero tengo tetas, coño, piernas, caderas….como todas las mujeres. Pero si hasta alguien de por aquí me habrá visto en carne y hueso!!! (sí, ya sé que más carnes que huesos, pero real).
miércoles, 25 de abril de 2012
Placer...mortal?
sábado, 3 de marzo de 2012
Miércoles crítico
Un día muy crítico el miércoles pasado. Los problemas aumentaban y crecían fuera y dentro de la oficina, fuera y dentro de mi cuerpo, fuera y dentro de mi vida…
Estallé, no pude más. Cogí el teléfono para hacer una llamada y presentar mi dimisión, o solicitar un traslado, o llamar capullo al que me atendiese, pero tenía que hacer algo. Mientras esperaba que atendiesen mi llamada, empecé a cerrar todas las ventanas del ordenador para salir huyendo de allí, deprisa, cuanto más lejos mejor.
Y entonces entró un correo de M. que decía:
- Buenas. ¿Piensas que no serías capaz de arañarme el capullo con los pezones?..... yo creo que sí, seguro que sí.
Me hizo sonreir en aquel día tan nefasto. Colgué el auricular del teléfono cuando la secretaria del gerente contestaba a mi llamada, y contesté a mi correo, y luego él me volvió a contestar, y yo otra vez a él. Y así transcurrió nuestro intercambio de correos:
Yo: No, no sería capaz. No sería capaz de arañártelo pero sí de acariciarlo, y ver que capullo y pezones endurecen simultáneamente.
Él: Anda que me iba a acorrer yo ahora sobre tus tetas, abriéndote la blusa con la polla. ¡Qué morbazo!
Yo: Aunque tendría que desnudarme, porque llevo jersey. ¿Pero te da lo mismo, verdad?
Él: Lo mismo da. Meterte la mano por el jersey hacia arriba....Ibas a ver cómo me crecía la polla por encima del pantalón.
Yo: Ese preciso instante en que un pene empieza a estar erecto...me vuelve loca! Sobre todo si la erección la provoco yo.
Él: Mira, méteme la mano por debajo la mesa y toca. Siente cómo te crece en la mano.... ya no podrías cerrarla.
Yo: No me subestimes, querido. Podría cerrarla lo suficiente como para apretar tu polla entre mis manos, empezar a moverlas y ver cómo se te pone esa cara de salido que me pone cachonda.
Él: Muy grande debes tenar la mano , cielo. Ni yo mismo sin utilizar el pulgar soy capaz de abrazármela ya. Coge molde, haz el gesto y tú misma...)
Yo: Si no me cabe en la mano... ¿me cabrá en otro sitio? ¡¡¡Peazo pollón!!! jajaja
Él: Sí, fijo que sí. Notarías además cómo te iba partiendo el coño despacito.
Yo: Y espero que tú notases también cierta fuerza vaginal que yo ejercería, pidiéndote que entraras más....más fuerte y más profundo...mmmm....
Él: Saborea centímetro a centímetro. Cuando llegues al fondo, no saques, empuja más.
Yo: Ccreo que en ese momento no habrá polla ni coño que se acoplen mejor y más sincronizadamente que los nuestros.
Él: Casi sin movernos, sólo sintiendo cómo me aprietas, y cómo te lleno de polla....qué rico
Yo: Muevo lentamente mis caderas contra ti... hasta que la necesidad apriete. El tiempo que pueda aguantar...mmm, porque creo que si empiezo a moverme más, acabaremos...
Él: No, no te dejaré acabar tan pronto. Te quiero muy puta y aún no lo estarías.
Yo: Tú me vuelves puta y a mí me gusta sentirme puta....pero sólo para ti
Él: Es que nuestras caras en esos momentos son sólo para nosotros. Me gusta sacar esa puta de ti, me pones más cerdo y me encanta.
Yo: Mi querido cerdo... me muero por hacer guarradas contigo, pero tengo que irme.
Él: Me voy con la polla ardiendo, que lo sepas. Me gustas tan guarra! Besos.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Cubanita virtual
Si queda bien, mejor; si no, no pasa nada. Si gusta, adelante; si no, ahí se queda. Y aunque las palabras se las lleve el viento, me gusta que queden aquí permanentemente, las mías y las vuestras.
Sin embargo, toda norma tiene su excepción. Esta entrada será borrada probablemente en un breve plazo.
Tengo una foto de dos lectores (una lectora y un lector) que me autorizan su publicación, más bien su exposición durante 24 horas.
Ése es el plazo que tenéis para verla y el que tengo yo para convencer a los propietarios de que me permitan mantenerla. No suelo ser muy convincente pues hay lectores que me regalan imágenes (gratas y excitantes) para uso y deleite personal, no para publicar, y ahí quedan. Esta vez intentaré ser más perseverante.
Fíjate que todo vino porque nosotros dos propusieron en un comentario reciente hacernos una fotografía los tres juntos, si alguna vez se diese la circunstancia de que una u otros atravesásemos el gran charco.
Pero a veces, gracias a la técnica (y a quien la conozca) se pueden hacer algunas cositas, como por ejemplo una agradable cubanita virtual.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Necesidad innata
Desde que nació Belkis, mi alter ego, mi yo virtual (que no por ello es menos cierto que el real y a veces, aunque no lo parezca, es casi igual de palpable), empezó a nacer en mí la necesidad de saber más del otro, del tú, o del él.Eso me ha llevado en muchas ocasiones (tampoco en todas) a necesitar contactar con alguien más allá de la palabra escrita. Necesidad que a veces he visto satisfecha, y otras no, que prácticamente nunca me ha defraudado a pesar de que alguna vez algún disgustillo me ha costado, como en el de esta historia.
Conocí a alguien (virtualmente. Las “historias del ciber” casi siempre son sólo virtuales) en otras páginas, en otro lugar, y le invité a venir aquí, a esta Salida.
Y hablamos, y hablamos, y nos excitamos mucho, mutuamente. Entre conversación y conversación, se colaban datos de la vida de cada cual, esto es evidente y prácticamente inevitable: la edad, la profesión, los hobbies,…
Y entonces apareció; surgió de nuevo en mí la necesidad de saber más, de saber físicamente. Tener un dato que te permita saber que tras aquel Nick o aquel nombre hay una persona real.
Le pedí una fotografía, aunque fuese de su pie, pero que fuese creíble, que yo me creyese que era de él.
No hubo manera. Al final le pedí que me dejase llamarle por teléfono. Saber qué voz tenía, incluso asegurarme de que al otro lado había un hombre. También podía haber sido una mujer, y a lo mejor no me hubiese importado salvo por el engaño.

Accedió a llamarme. Le di mi número y llamó a mi móvil, ocultando su número por supuesto.
Después de tanto compartido jodía un poco, la verdad, aquella falta de confianza, pero accedí.
La llamada quizás duró tres o cuatro minutos, no lo recuerdo exactamente. Una voz profunda, varonil, bien timbrada, agradable,…y una conversación amena, trivial pero satisfactoria, para mí.
Algo sucedió (quizás no le gustó mi voz!) pero tras aquella llamada no volvi a saber de él, desapareció por completo como si se lo hubiese tragado la tierra.
Hace poco lo volví a leer en su lugar de origen y supe que al menos estaba bien.
Así, sin más. Una simple llamada, agradable a priori, acabó con aquello, fuese lo que fuese. Por cierto, si sigues por aquí y lees esto: nunca he traicionado la confianza de nadie y le pongo mucha seriedad hasta al cibersexo. Y hasta en eso creo que hay que tener dos cojones para decir “se acabó!”.
Por eso decía que algún disgusto me ha dado esta necesidad mía de saber más. No pretendo vanagloriarme de ella ni siquiera explicarla, existe sin más. La controlo lo suficiente, pero cuando surge, tengo que alimentarla…como si fuese una fiera hambrienta.
Si me tienes miedo como fiera, no me acaricies, pasa de largo hasta que pase mi hambre. Luego, podemos seguir haciéndonos arrumacos.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Vino, venció y se fue
Hace unos años, pocos, iniciaba mi incursión en el mundo virtual. Y lo hice entrando en un chat.Conocí gente, no tanta como quisiera, buena gente (aparentemente) y de la que tiempo más tarde nunca se supo. Con algunos intercambié dirección de Messenger y con otros no. Y de aquella época no llegué a conocer a nadie personalmente y a muy pocos, muy pocos, en fotografía.
Y entonces apareció él: la primera persona del mundo virtual que me impactó.
Se llamaba Javier, argentino afincado en Barcelona, y de unos cinco o seis años menor que yo.
Poco a poco nos fuimos conociendo y pronto me envió una fotografía. Me quedé patidifusa! ¿Por qué? Pues porque por experiencia sé que cuando conoces a alguien virtualmente, tiendes a magnificarlo todo, incluso su apariencia física. Y luego resulta que no es así, que no es tanto, sino más bien lo contrario.
Pero Javier era una dulce excepción. Era realmente muy, muy atractivo! Tanto que de entrada yo no iba a mostrarle cómo era yo. Egoísmo puro y duro, pero quería disfrutar aquello.
Cuando Javier empezó a insistir en conocernos personalmente, le dije que yo no era lo que él imaginaba, que era más bien normal y corriente.
Y él, todo dulzura y melodía hasta ese momento, me dijo – y me lo dejó muy clarito- que para follar (sí, utilizó esta misma palabra) tenía cuantas mujeres quisiera, pero para hablar y sentirse cercano a alguien no había logrado encontrar aún ninguna…hasta ese instante.
Unos instantes de dulzura y ternura, y después…¿o sea a mí no me quería para follar? Pues vaya, apañada estaba yo. Y suavemente se lo dejé caer.
Quedó claro que sí, por ambas partes, y pensé que Javier sería mi primera cita-real-virtual.
Al cabo de dos días desapareció. Nunca más se abrió su cuenta de Messenger y no llegamos a intercambiar números de teléfono, ni otras alternativas de contacto y muchísimo menos…fluidos.
Quedó en un leve sueño que me hizo volver a poner los pies en el suelo.
martes, 18 de octubre de 2011
¿Qué me pongo?
Seas hombre o mujer, estoy segura de que piensas al menos unas horas antes qué te pondrás de ropa, qué perfume usarás, depilarte y/o afeitarte según corresponda. Se vigila extremadamente nuestro aseo personal y nuestra apariencia exterior pues si es una cita, seguro que queremos impresionar y causar buen efecto en la otra persona.
Yo no he tenido demasiadas citas de este tipo, con “hombres virtuales” pero alguna ha habido. Y sí, evidentemente, tuve mi momento de pensar “¿y qué me pongo?”
Pero no, no fue ésa mi opción. Porque al final pensé que prefería que el sujeto me viese tal y como soy, como me puede ver cualquiera un día cualquiera. Eso tampoco quiere decir que acudiese a mi cita como un adefesio. Simplemente me limitaba a, como decía mi abuela que en paz descanse, “ir limpia y cosía”. Es decir, bien aseada e impecable. De esta manera, me arriesgaba a que el tipo no quisiese repetir, pero si el tipo repetía…. Sería más que diferente, no?
Foto cedida
jueves, 6 de octubre de 2011
¿Hombre-escritor o escritor-hombre?


















