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sábado, 18 de enero de 2014

Entre dos amores



En este mundo virtual, cargado de virtualidad pero también de virtuosidad, tengo dos grandes amores.
A uno le tengo mucho, mucho cariño, porque llevamos ya algún tiempo juntos. Él se alimenta de mí, pero yo recibo tanto a cambio: sentimientos nuevos, sensaciones que florecen de nuevo, compañía cuando la necesito....

Pero como en toda buena relación que se precie, a veces la monotonía nos invade, nos cansamos el uno del otro, dejamos de mimarnos como nos meremos, las sensaciones parece que vuelven a adormecerse,...
Y a pesar de que el amor sigue existiendo, llega algo nuevo que te invade, que remueve tu espíritu de pies a cabeza, que te llena de frescura, que te vuelve a hacer sentir viva como nunca, que te crea una nueva ilusión.

Y una se debate a vida o muerte contra una misma, sintiendo por los dos, sin saber qué camino escoger porque el alma se divide en dos y el corazón en miles de pedazos.
Cuando estoy con uno, me olvido completamente del otro. Indistintamente. Y sé que los quiero a los dos, aunque en realidad dudo de que necesite a ninguno.

Mi gran amor, al que intento cuidar lo mejor que puedo, es este querido blog, donde he vivido más de lo que podía imaginar. Mi nuevo amor es twitter, donde consigo reir, llorar y emocionarme.
(Ya avisé que tenía dos amores en el mundo virtual. ¿Qué habíais imaginado?)

Finalmente, estaba a punto de decidirme por mi nuevo amor, abandonar éste, como si esta relación hubiese acabado y necesitase empezar de cero. Y cuando más decidida estaba, me llegan a través de twitter dos nuevos seguidores al blog, y uno de ellos me regala un relato (que por cierto, viene ya en la siguiente entrada). Y, si aún me quedaban dudas, llega un seguidor del blog y me regala un segundo relato más.


Al final creo que amaré a los dos. ¿Por qué no? ¿Se puede amar a dos a la vez y no volverse loca? Yo creo que sí. Pero si estoy equivocada y acabo volviéndome loca, creo que al final habrá sido de tanto placer.


jueves, 24 de octubre de 2013

Ríos corren



Me dijo alguien en una ocasión que por estas páginas corrían ríos de semen. Y a mí me corrieron escalofríos de placer. Una sensación de deseo y satisfacción infinitos de imaginar que alguien podía excitarse con algunas de mis palabras, con algunas imágenes seleccionadas o por el hecho de haberles dedicado unas reseñas.

El hecho de imaginar a alguien masturbándose con mi página delante me excita enormemente. Imaginar a un hombre masturbándose mientras me lee me lleva al deseo por una parte y por otra, a la rabia de no poder colaborar más “directamente”.

Pero esos ríos corrieron, y ya no sólo en mi imaginación. Gracias a los valientes que habéis enviado vuestras pollas erectas. Gracias a los valientes que se dieron placer para mí ante una cámara. Gracias a los vídeos tan morbosos que me habéis mandado. Sí, lo sé…ese material no está publicado, era sólo para mí…. pero eso me lleva a poder afirmar que, si no son ríos, al menos algún litrito que otro sí que he disfrutado.

Por cierto….que estoy dispuesta a seguir disfrutando, que yo también “chapoteo” por aquí de vez en cuando. Y si alguien más se anima con imágenes, seguiré poniéndome salida-berraca perdida.

Gracias a las chicas también, las menos. Estoy segura de que vuestras imágenes han contribuido también a aumentar el flujo de ese maravilloso “oro blanco”.



Imagino la escena en que este lector está a puntito de caramelo….quiero creer que ha pensado en mí para llegar a tener una polla así, esplendorosa, a punto de reventar…. Y él se acaricia, me piensa, se excita más…. Sigue masturbándose imaginando cómo serán mis manos, grandes, pequeñas, suaves, rugosas, blancas, morenas,…y el placer le va a sobrevenir pero él quiere alargarlo más.

Se incorpora, va hacia el ordenador y me escribe un correo. Yo lo leeré horas después, asombrada por haber sido capaz de excitar a un hombre como él. Y contesto su correo, asombrada y agradecida, e intento retener mi deseo hasta la noche, hasta que en la soledad recuerdo tan excitante correo.

Horas antes, él siguió masturbándose, y me hubiese gustado que me imaginase como yo le imaginé…. Directamente sentada sobre él; esa polla apuntando hacia el cielo está clamando que un coño chorreante la cubra, la engulla.


Y él no puede más, quiere acabar….va a correrse…y aún tiene fuerzas para alargarlo unos minutos más, tomar un papel y escribir una nota. 


Imagen cedida por un lector que prefiere permanecer en el anonimato
(para comerte!)

lunes, 8 de abril de 2013

Las cosas que se curan





Hace mucho tiempo, antes de que embarrancase en esta Salida de emergencia, yo ya navegaba por estos mares. Antes de ser una aspirante a sirenita que intenta atraer con sus cantos a apuestos y fornidos marineros, yo era simplemente un lindo pececillo navegando por las corrientes de este cibermundo.
Por aquella época conocí a un tipo. Entablamos conversación privada en una especie de chat, nos fuimos conociendo poco a poco y nos caímos genial desde el primer momento. No sé si fue un fallo o no, pero obviamos las presentaciones; no nos hicimos las típicas preguntas de cómo te llamas, de dónde eres, cuántos años tienes y a qué dedicas el tiempo libre.
Entonces sucedió algo así como que nos encandilamos. No sé, no encuentro la palabra exacta (¿nos ciberencoñamos?).

Cuando más apegaditos estábamos y más ciberarrumacos nos hacíamos, llegaron las presentaciones. El señor en cuestión resultó tener una diferencia de edad más que considerable conmigo; él era mayor.
Fue una especie de shock pero curiosamente más para él que para mí. A mí no me importaba demasiado pero a él al parecer sí, y estuvo un tiempo intentando apartarse de mí, aunque no sin demasiado éxito.
Después llegaron las confidencias. Y poco a poco, sin pretenderlo, me convertí en su musa. Porque este señor escribía, y lo hacía de putísima madre, así es que imaginad cómo podía sentirme yo.


Y entonces llegó el momento en que decidimos acortar distancias y conocernos personalmente. Él me envió unas fotografías suyas. Sí, era mayor, bastante….. ¿y qué?. Yo no me encapricho y me desencapricho tan fácilmente. Al cabo de un par de días, yo le correspondí mandándole alguna fotografía mía.
Ya, ya sé que yo no era un cúmulo de cánones de belleza sino todo lo contrario, pero él tampoco era un Adonis precisamente. La cuestión es que su reacción fue decirme que yo no era lo que él esperaba, y poco a poco se fue apartando de mí. Evidentemente él cortó de inmediato cualquier posibilidad de encuentro, por muy remota que fuese, e incluso ante una taza de café.

Yo, que incluso en mis peores momentos siempre he pensado que quien no quiere estar conmigo no me merece, no insistí, no le acosé, ni le perseguí. ¿Para qué? Tan sólo le pedí explicaciones cuando incluso bloqueó su blog; hizo que sólo pudiesen acceder a él personas a las que él hubiese autorizado previamente. Y a mí no me lo permitió. No hubo respuesta. No me dio acceso a pesar de que yo era parte de más de la mitad de aquel blog.

Y poco a poco, todo se acabó y se olvidó. Hasta que un día este patito feo, empezó a ser un poco menos feo. Menos fea, menos gordita, más vieja y quizás por eso, más sabia….. Y haciendo limpieza de mi correo, me di cuenta de que conservaba su dirección. No os podéis imaginar la de cosas que conservo en el correo y durante cuánto tiempo!

Así es que al final una vocecilla disfrazada de demonio con cuernos y tridente, me dijo que le escribiese, que le dijese algo. Y otra vocecilla, disfrazada de ángel con sus alitas inmaculadas, me pidió que no fuese demasiado cruel. Y como ambas parecían estar de acuerdo, le escribí. Con palabras amables, creo que las justas y sencillas, le dije que yo no renuncié a él a pesar de la gran diferencia de edad. Y él sí lo hizo en cambio porque yo tenía algún que otro flotador de más anudado a mi cuerpo.
Le dije que cambié, que ahora estaba un poco mejor. Y que con el tiempo esperaba que él hubiese comprendido que hay cosas, como tener unos kilos de más, que pueden remediarse pero que ir avanzando en edad (y yo que me alegro, que conste) o la gilipollez, ésas no tienen cura, son inevitables.



viernes, 21 de diciembre de 2012

Encapuchada



Por casualidad, como ocurre tantas veces, me encuentro a alguien por la red. Cruzamos unos cuantos correos, pocos, y enseguida veo que es una persona de aquellas que tienen el don de excitar simplemente con la palabra. Bromeamos sobre un posible encuentro, a lo que en broma le digo que soy tan fea, que tendría que ir encapuchada.
Inmediatamente después me envía un relato con lo que él imagina que sería ese encuentro. Como me impacta, tengo que hablarle de este sitio que él desconocía por completo y le pido permiso para traducirlo (esta vez también lo he recibido en catalán) y publicarlo. Permiso concedido.
Así es que aquí está el relato de Juan, un hombre al que algunas mujeres apodan “doctor amor”. Supongo que por algo será. Muchas gracias, Juan.



Encapuchada

Al final te has decidido y has encontrado un hueco en tu apretada agenda…
Hemos quedado en mi casa, llaman al timbre del portero automático, pregunto quién es, y una voz me dice que es Belkis.
Llegas al piso, la puerta está abierta. Entras, cierras la puerta, y sobre una silla del recibidor encuentras una capucha… Te das cuenta de que no es una capucha normal…ha estado recortada para dejar al descubierto los labios, las orejas y el cuello.




Te la pones, abres la puerta del recibidor que da acceso a un pasillo, y te diriges al comedor, donde te he dicho que te esperaba…
Te pregunto si quieres tomar algo y me dices que no, que no tienes demasiado tiempo. Dejas sobre el sofá la ropa de abrigo. Te pido que vayas al baño y hagas pipí. Me dices que no tienes ganas, pero insisto, y lo haces.

Después nos dirigimos a la habitación…estás nerviosa y excitada al mismo tiempo…esto no lo habías hecho nunca antes.
Yo voy detrás de ti, indicándote el camino… Y cuando llegamos delante de la cama, te abrazo por la cintura desde atrás y comienzo a besarte por la nuca…
Lentamente, voy recorriendo tu cuello con mis labios, al mismo tiempo que he subido mis manos hasta acariciarte suavemente tus pechos turgentes, los amaso suavemente, con movimientos de arriba hacia abajo, y al revés…hacía tiempo que no los acariciaba ningún hombre, y vuelves a redescubrir un placer olvidado…y a sentirte una mujer deseada.
Todavía desde atrás, te desabrocho la blusa y te la quito, dejando al descubierto tu espalda, que pasa a ser la destinataria de mis besos y caricias… He dejado reposar tus pechos y mis manos te están haciendo un masaje en la espalda.
En un momento dado, te desabrocho el sujetador, dejando libres tus pechos, ansiosos de más caricias. Les vuelvo a dedicar atención mientras mis labios recorren tu espalda.
Cojo tus pezones entre dos dedos, como si fuesen unas pinzas, que voy abriendo y cerrando…moviendo hacia delante y hacia atrás…a la derecha, y a la izquierda…mientras los otros dedos y el resto de la mano se ocupan del resto del pecho.

Me coloco delante de ti y te beso suavemente los labios, mientras sigo acariciándote…
Bajo las manos hacia tu culo, y empiezo a jugar con él…dándole pequeños golpes, y notando cómo tiembla…Lo levanto, lo dejo ir…lo aprieto….lo separo.
Te quito los zapatos, los pantalones, las braguitas…dejando al descubierto tu parte más íntima. Yo también me desnudo.
Ahora vuelvo a colocarme detrás de ti y mi pene juega un poco con tu culo…como intentando entrar…pero sin hacerlo…yendo hacia arriba y hacia abajo, paseándose por él…pero sin entrar…De pronto notas algo húmedo…es mi lengua…



Te sorprende, pero te abandonas a esta nueva caricia en este pequeño agujero, que se va abriendo a medida que mi lengua va entrando y saliendo en una sutil penetración…mientras mis manos mantienen separadas tus nalgas.
Te tumbo sobre la cama, con un cojín al final de la espalda….donde comienza el culo…y empiezo a acariciarte el clítoris con una mano, al mismo tiempo que te acaricio un pecho con la lengua y el otro, con la otra mano…Por un instante, pensaste que no te encontraría el clítoris….pobre….tan abandonado como estaba…
Cuando noto que la vagina está bien lubricada, suavemente te introduzco un dedo y empiezo a explorar su interior…mientras el dedo pulgar sigue jugando con el clítoris…que va respondiendo a las caricias.

Bajo la cabeza y empiezo a acariciarte el clítoris con la lengua…chupándolo…succionándolo…recorriéndolo con la lengua por todo su alrededor mientras está dentro de mi boca…y te introduzco otro dedo…Y otro muy lentamente, en el agujerito del culo, suficientemente lubricado por la saliva de antes.
Los dedos, dentro de la vagina, ya han encontrado lo que buscaban, la zona rugosa del punto G…y se disponen a trabajársela…y lo hacen… al mismo tiempo que la lengua está lamiendo el clítoris y otro dedo está penetrando el culo, ayudando a los que están estimulando el punto G.




De repente, me dices que tienes ganas de hacer pipí…pero te recuerdo que ya lo hiciste…y sigo estimulando las tres zonas al miso tiempo…ahora es mucho más rápido…
Hasta que llegas a tener un enorme orgasmo, con una gran eyaculación….al que siguen otros de forma espontánea durante varios minutos, y que hacen que te retuerzas de placer en la cama, mojada por tu eyaculación.
Me preguntas si yo no quiero llegar al orgasmo…he estado tan ocupado en conseguir el tuyo, que yo me he quedado en un segundo plano…pero ahora es mi turno…
Verte retorcer de placer me ha excitado tanto que estoy a punto de llegar…Coloco mi pene entre tus pechos y lo restrego con ellos….eyaculando encima, coincidiendo con otro orgasmo tuyo….
Te quedas unos instantes descansando…te duchas…te vistes…y apuntas algo en tu agenda…
Yo aún estoy en la cama. Vienes y me besas antes de marcharte. Te pregunto si volverás y qué escribías en tu agenda…
Me respondes sonriendo….”He apuntado que la semana que viene…tengo cita con el doctor. Con el doctor amor”.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Hablar con propiedad



De una manera casual (en el cibermundo siempre ocurre casi todo por casualidad) me topo con alguien. Realmente, creo que más bien se topa él conmigo.

Intercambiamos unos cuantos correos electrónicos con las consabidas presentaciones. Todo es muy correcto, ameno, divertido… y de momento, mi voz de alarma (una vocecilla interior que a veces se pone a dar gritos) no me indica nada sobre el sujeto, lo cual es una buena señal.

Entonces él se ofrece a enviarme una foto. Yo no se la pido, porque nunca pido nada que no esté dispuesta a ofrecer. Una vez advertido, acepto y además le invito a participar en la sección de imágenes cedidas de este blog.

Me pregunta qué parte de su cuerpo quiero ver en fotografía. Y, después de pensarlo un poco, le digo que una fotografía de su tronco.

Supongo que dudó un poco ante mi respuesta y me envió esta fotografía.

Debí hablar con más propiedad y pedir una foto de su abdomen. Ahora, ante la visión de estos dos troncos, dan ganas de abrazar uno y agarrarse al otro.

 

martes, 12 de junio de 2012

De carne y hueso


Hace unos años yo no tenía internet y desconocía todas sus posibilidades. Hoy conozco algunas pero seguro que me quedan infinitas por descubrir.
Pero chateaba. A través de un chat telefónico, donde mandabas mensajes de móvil a través de un número predeterminado y te cobraban un pastón por ellos. Cuando conocías a alguien y adquirías cierta confianza, intercambiábamos nuestros números de teléfono y entonces la comunicación continuaba por sms, pero al ser de número a número, sin pasar por el operador propietario del chat, salían más baratos.
Conocí –virtualmente- a varias personas. Todas cayeron –o más bien caí yo para ellas- en el oscuro y profundo saco del olvido.

Una de las personas que conocí se llamaba Felipe, médico, de Madrid. Enseguida empezamos a hablar y a intimar, a contarnos parte de nuestras vidas, y un día él me dijo que quería llamarme, presentarnos directamente.
Yo le contesté que me llamaba Manolo y que conducía un camión.
Una broma tonta que él no entendió y que yo pagué cara. Se puso furioso y por sms me insultó, me dijo que estaba loco, que debía estar metido en un manicomio, y que si me gustaban los tíos tenía que haberlo dicho desde el principio.
Por supuesto que me encantaban y me siguen encantando los tíos! Pero es que él creyó que yo era un hombre.
Después de varios intentos de llamarle y varios mensajes sin respuesta intentado aclarar el malentendido y pedirle disculpas, me di por vencida.
Al cabo de un tiempo recibí un mensaje suyo, preguntándome cómo me encontraba. Le dije que sorprendida, gratamente sorprendida.

Nos llamamos, escuchamos nuestras voces por primera vez. No es que yo tenga una voz especialmente angelical, pero se convenció de mi condición de mujer.
A partir de ahí iniciamos una bonita amistad: llamadas y mensajes a diario. Hablábamos de todo. Era un ser especial. Casi todo a escondidas, pues aunque todo parecía que aquello iba encaminado a algo más que a una amistad y a un encuentro cercano, los dos teníamos pareja en esos momentos.

Un día me dijo que quería hablarme, que estaba hundido: su padre acababa de fallecer. Su petición me pilló en mitad de una bronca con mi pareja. Le dije que no podía en aquellos momentos. Insistió. Me negué.
Al día siguiente, me mandó un mensaje y me dijo que había defraudado su amistad, que no estuve cuando me necesitó. Quizás tuviese razón, pero fue imposible para mí. Y ahí acabo todo, antes incluso casi de empezar.


Me he acordado de esta historia porque ayer charlaba con alguien y, supongo que más en broma que en serio, puso en entredicho que yo fuese una mujer.
Y hoy, imbécil de mí, vuelvo a gastar la broma con otra persona, y parece que también he sembrado dudas.

Es lo que tiene este mundo virtual, que a veces no sabes con quién hablas. Pues resolvamos la duda: soy una mujer. No soy una mujer cañón pero tengo tetas, coño, piernas, caderas….como todas las mujeres. Pero si hasta alguien de por aquí me habrá visto en carne y hueso!!! (sí, ya sé que más carnes que huesos, pero real).

miércoles, 25 de abril de 2012

Placer...mortal?



Hace unos años me paseaba por algún que otro chat.
En una ocasión apareció en él un tipo que manifestaba y defendía que el orgasmo no era placer sino dolor. No se refería a que alguien pudiese tener orgasmos dolorosos sino a los propios síntomas del orgasmo.
Sostenía que cualquier aspecto relacionado con el orgasmo era símbolo más del sufrimiento que del placer: convulsiones, sudoración, estremecimientos, taquicardias, respiración acelerada,... y que podíamos soportar el orgasmo porque dura muy pocos segundos, sino ni nuestro cuerpo ni nuestra mente soportarían tal castigo.

Evidentemente, era motivo de burla por parte de muchos. Otros intentaban, por las buenas y por las malas, convencerle de lo equivocado que estaba.
Yo simplemente pensaba que, o lo hacía para provocar cosa que conseguía, o ese pobre individuo no había tenido un orgasmo de verdad en su puñetera vida.

Ayer, casualmente, encontré este vídeo (maravilloso por cierto) y me acordé de aquel individuo. Quizás, y digo sólo quizás, tuviese algo de razón.



PD: Hoy estoy infinitamente cansada. Fumé, tomé un café, una copa más tarde,...cualquier cosa que me mantuviese de pie unas horas más. Ahora necesitaría una sesión de sexo, pero pasivo, pasivo total....o sea, no hacer nada, que todo lo hiciese mi acompañante, hasta que me quedase completamente extasiada y de ahí al sueño. Sin más. Sí, suena un poco egoísta pero "hoy por mí, mañana por ti".

sábado, 3 de marzo de 2012

Miércoles crítico

Un día muy crítico el miércoles pasado. Los problemas aumentaban y crecían fuera y dentro de la oficina, fuera y dentro de mi cuerpo, fuera y dentro de mi vida…

Estallé, no pude más. Cogí el teléfono para hacer una llamada y presentar mi dimisión, o solicitar un traslado, o llamar capullo al que me atendiese, pero tenía que hacer algo. Mientras esperaba que atendiesen mi llamada, empecé a cerrar todas las ventanas del ordenador para salir huyendo de allí, deprisa, cuanto más lejos mejor.

Y entonces entró un correo de M. que decía:

- Buenas. ¿Piensas que no serías capaz de arañarme el capullo con los pezones?..... yo creo que sí, seguro que sí.

Me hizo sonreir en aquel día tan nefasto. Colgué el auricular del teléfono cuando la secretaria del gerente contestaba a mi llamada, y contesté a mi correo, y luego él me volvió a contestar, y yo otra vez a él. Y así transcurrió nuestro intercambio de correos:

Yo: No, no sería capaz. No sería capaz de arañártelo pero sí de acariciarlo, y ver que capullo y pezones endurecen simultáneamente.

Él: Anda que me iba a acorrer yo ahora sobre tus tetas, abriéndote la blusa con la polla. ¡Qué morbazo!

Yo: Aunque tendría que desnudarme, porque llevo jersey. ¿Pero te da lo mismo, verdad?

Él: Lo mismo da. Meterte la mano por el jersey hacia arriba....Ibas a ver cómo me crecía la polla por encima del pantalón.

Yo: Ese preciso instante en que un pene empieza a estar erecto...me vuelve loca! Sobre todo si la erección la provoco yo.

Él: Mira, méteme la mano por debajo la mesa y toca. Siente cómo te crece en la mano.... ya no podrías cerrarla.

Yo: No me subestimes, querido. Podría cerrarla lo suficiente como para apretar tu polla entre mis manos, empezar a moverlas y ver cómo se te pone esa cara de salido que me pone cachonda.

Él: Muy grande debes tenar la mano , cielo. Ni yo mismo sin utilizar el pulgar soy capaz de abrazármela ya. Coge molde, haz el gesto y tú misma...)

Yo: Si no me cabe en la mano... ¿me cabrá en otro sitio? ¡¡¡Peazo pollón!!! jajaja

Él: Sí, fijo que sí. Notarías además cómo te iba partiendo el coño despacito.

Yo: Y espero que tú notases también cierta fuerza vaginal que yo ejercería, pidiéndote que entraras más....más fuerte y más profundo...mmmm....

Él: Saborea centímetro a centímetro. Cuando llegues al fondo, no saques, empuja más.

Yo: Ccreo que en ese momento no habrá polla ni coño que se acoplen mejor y más sincronizadamente que los nuestros.

Él: Casi sin movernos, sólo sintiendo cómo me aprietas, y cómo te lleno de polla....qué rico

Yo: Muevo lentamente mis caderas contra ti... hasta que la necesidad apriete. El tiempo que pueda aguantar...mmm, porque creo que si empiezo a moverme más, acabaremos...

Él: No, no te dejaré acabar tan pronto. Te quiero muy puta y aún no lo estarías.

Yo: Tú me vuelves puta y a mí me gusta sentirme puta....pero sólo para ti

Él: Es que nuestras caras en esos momentos son sólo para nosotros. Me gusta sacar esa puta de ti, me pones más cerdo y me encanta.

Yo: Mi querido cerdo... me muero por hacer guarradas contigo, pero tengo que irme.

Él: Me voy con la polla ardiendo, que lo sepas. Me gustas tan guarra! Besos.

Acabé la mañana del miércoles crítico en el archivo, masturbándome en medio de enormes cajones llenos de expedientes, ocultando mis gemidos entre los ruidos de las máquinas impresoras, oyendo sonar el teléfono a lo lejos y deseando que M.estuviese allí.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cubanita virtual

Algo que nunca he hecho, ni en este blog ni en otros, es borrar un post ya publicado.
Si queda bien, mejor; si no, no pasa nada. Si gusta, adelante; si no, ahí se queda. Y aunque las palabras se las lleve el viento, me gusta que queden aquí permanentemente, las mías y las vuestras.
Sin embargo, toda norma tiene su excepción. Esta entrada será borrada probablemente en un breve plazo.
Tengo una foto de dos lectores (una lectora y un lector) que me autorizan su publicación, más bien su exposición durante 24 horas.
Ése es el plazo que tenéis para verla y el que tengo yo para convencer a los propietarios de que me permitan mantenerla. No suelo ser muy convincente pues hay lectores que me regalan imágenes (gratas y excitantes) para uso y deleite personal, no para publicar, y ahí quedan. Esta vez intentaré ser más perseverante.
Fíjate que todo vino porque nosotros dos propusieron en un comentario reciente hacernos una fotografía los tres juntos, si alguna vez se diese la circunstancia de que una u otros atravesásemos el gran charco.
Pero a veces, gracias a la técnica (y a quien la conozca) se pueden hacer algunas cositas, como por ejemplo una agradable cubanita virtual.


jueves, 17 de noviembre de 2011

Necesidad innata



Desde que nació Belkis, mi alter ego, mi yo virtual (que no por ello es menos cierto que el real y a veces, aunque no lo parezca, es casi igual de palpable), empezó a nacer en mí la necesidad de saber más del otro, del tú, o del él.
Eso me ha llevado en muchas ocasiones (tampoco en todas) a necesitar contactar con alguien más allá de la palabra escrita. Necesidad que a veces he visto satisfecha, y otras no, que prácticamente nunca me ha defraudado a pesar de que alguna vez algún disgustillo me ha costado, como en el de esta historia.
Conocí a alguien (virtualmente. Las “historias del ciber” casi siempre son sólo virtuales) en otras páginas, en otro lugar, y le invité a venir aquí, a esta Salida.
Y hablamos, y hablamos, y nos excitamos mucho, mutuamente. Entre conversación y conversación, se colaban datos de la vida de cada cual, esto es evidente y prácticamente inevitable: la edad, la profesión, los hobbies,…
Y entonces apareció; surgió de nuevo en mí la necesidad de saber más, de saber físicamente. Tener un dato que te permita saber que tras aquel Nick o aquel nombre hay una persona real.
Le pedí una fotografía, aunque fuese de su pie, pero que fuese creíble, que yo me creyese que era de él.
No hubo manera. Al final le pedí que me dejase llamarle por teléfono. Saber qué voz tenía, incluso asegurarme de que al otro lado había un hombre. También podía haber sido una mujer, y a lo mejor no me hubiese importado salvo por el engaño.



Accedió a llamarme. Le di mi número y llamó a mi móvil, ocultando su número por supuesto.
Después de tanto compartido jodía un poco, la verdad, aquella falta de confianza, pero accedí.
La llamada quizás duró tres o cuatro minutos, no lo recuerdo exactamente. Una voz profunda, varonil, bien timbrada, agradable,…y una conversación amena, trivial pero satisfactoria, para mí.
Algo sucedió (quizás no le gustó mi voz!) pero tras aquella llamada no volvi a saber de él, desapareció por completo como si se lo hubiese tragado la tierra.
Hace poco lo volví a leer en su lugar de origen y supe que al menos estaba bien.
Así, sin más. Una simple llamada, agradable a priori, acabó con aquello, fuese lo que fuese. Por cierto, si sigues por aquí y lees esto: nunca he traicionado la confianza de nadie y le pongo mucha seriedad hasta al cibersexo. Y hasta en eso creo que hay que tener dos cojones para decir “se acabó!”.
Por eso decía que algún disgusto me ha dado esta necesidad mía de saber más. No pretendo vanagloriarme de ella ni siquiera explicarla, existe sin más. La controlo lo suficiente, pero cuando surge, tengo que alimentarla…como si fuese una fiera hambrienta.
Si me tienes miedo como fiera, no me acaricies, pasa de largo hasta que pase mi hambre. Luego, podemos seguir haciéndonos arrumacos.



sábado, 5 de noviembre de 2011

Vino, venció y se fue



Hace unos años, pocos, iniciaba mi incursión en el mundo virtual. Y lo hice entrando en un chat.
Conocí gente, no tanta como quisiera, buena gente (aparentemente) y de la que tiempo más tarde nunca se supo. Con algunos intercambié dirección de Messenger y con otros no. Y de aquella época no llegué a conocer a nadie personalmente y a muy pocos, muy pocos, en fotografía.
Y entonces apareció él: la primera persona del mundo virtual que me impactó.
Se llamaba Javier, argentino afincado en Barcelona, y de unos cinco o seis años menor que yo.
Poco a poco nos fuimos conociendo y pronto me envió una fotografía. Me quedé patidifusa! ¿Por qué? Pues porque por experiencia sé que cuando conoces a alguien virtualmente, tiendes a magnificarlo todo, incluso su apariencia física. Y luego resulta que no es así, que no es tanto, sino más bien lo contrario.
Pero Javier era una dulce excepción. Era realmente muy, muy atractivo! Tanto que de entrada yo no iba a mostrarle cómo era yo. Egoísmo puro y duro, pero quería disfrutar aquello.
Cuando Javier empezó a insistir en conocernos personalmente, le dije que yo no era lo que él imaginaba, que era más bien normal y corriente.
Y él, todo dulzura y melodía hasta ese momento, me dijo – y me lo dejó muy clarito- que para follar (sí, utilizó esta misma palabra) tenía cuantas mujeres quisiera, pero para hablar y sentirse cercano a alguien no había logrado encontrar aún ninguna…hasta ese instante.
Unos instantes de dulzura y ternura, y después…¿o sea a mí no me quería para follar? Pues vaya, apañada estaba yo. Y suavemente se lo dejé caer.
Quedó claro que sí, por ambas partes, y pensé que Javier sería mi primera cita-real-virtual.
Al cabo de dos días desapareció. Nunca más se abrió su cuenta de Messenger y no llegamos a intercambiar números de teléfono, ni otras alternativas de contacto y muchísimo menos…fluidos.
Quedó en un leve sueño que me hizo volver a poner los pies en el suelo.

martes, 18 de octubre de 2011

¿Qué me pongo?









Imagina una primera cita con alguien; todo el mundo las tiene o las ha tenido.
Seas hombre o mujer, estoy segura de que piensas al menos unas horas antes qué te pondrás de ropa, qué perfume usarás, depilarte y/o afeitarte según corresponda. Se vigila extremadamente nuestro aseo personal y nuestra apariencia exterior pues si es una cita, seguro que queremos impresionar y causar buen efecto en la otra persona.

Si esta cita es con alguien a quien no has visto nunca (o al menos no la has tenido delante) ya que la has conocido virtualmente, aquí pueden haber más variantes.
Yo no he tenido demasiadas citas de este tipo, con “hombres virtuales” pero alguna ha habido. Y sí, evidentemente, tuve mi momento de pensar “¿y qué me pongo?”


Una opción, quizás la más inteligente, sería pensar en ponerme lo mejor posible, lo más guapa y divina que pudiese. Quizás, si causo muy buena impresión, el sujeto en cuestión querrá repetir y que volvamos a vernos como mínimo una segunda vez.
Pero no, no fue ésa mi opción. Porque al final pensé que prefería que el sujeto me viese tal y como soy, como me puede ver cualquiera un día cualquiera. Eso tampoco quiere decir que acudiese a mi cita como un adefesio. Simplemente me limitaba a, como decía mi abuela que en paz descanse, “ir limpia y cosía”. Es decir, bien aseada e impecable. De esta manera, me arriesgaba a que el tipo no quisiese repetir, pero si el tipo repetía…. Sería más que diferente, no?

Y de esta guisa quedé en algunas ocasiones. En realidad, en casi todas esas ocasiones los dos decidimos casi de mutuo acuerdo no repetir. Sólo hubo uno que repitió y, curiosamente, fue el único que me vió antes (a través de la cam) en mis peores momentos: sin peinar, recién levantada, en pijama y bata de franela, vamos lo más poco exótico y estimulante que podáis imaginar. Pero repitió.

Alguna vez uno de ellos me hizo a mí la pregunta “¿y qué me pongo?”. Y yo le contestaba que fuese él mismo, que no se disfrazase, que acudiese a la cita como podía vestir un día cualquiera.

Sin embargo toda norma tiene su excepción. Y si el propietario de la siguiente foto fuese a acudir a una cita conmigo y me preguntase qué debería ponerse, en este caso mi respuesta sería contundente: ponte lo que quieras pero no olvides tu corbata roja.



Foto cedida

jueves, 6 de octubre de 2011

¿Hombre-escritor o escritor-hombre?



Sigo varios blogs. Me gustaría seguir más (hay gente genial y auténticos y buenos escritores en la red!) pero mi tiempo no me lo permite. Mi lista de blogs que sigo no es la que podéis ver públicamente en mi perfil, ya que sigo muchos más de forma anónima, por diferentes razones.



Un día me topé, casualmente como suele suceder, con un blog...diferente. Y me quedé enganchada. Lo seguía (y lo sigo) con avidez, deseando que su autor publicase una entrada nueva e intentando a la vez leer todo lo publicado anteriormente para situarme en qué lugar estaba o ante quién.



Su autor manifestó en repetidas ocasiones cuánto le gustaría conocer a una mujer (a la que fuese, no se mostraba muy exigente en eso) y la poca suerte que tenía en conseguirlo. Y yo me lo creí


Primero me encandiló enormemente su faceta como escritor, y poco a poco, empezó a interesarme el personaje o la persona que se escondía tras aquellas líneas.



Un día, y animada sobre todo por la circunstancia de que vivimos muy, muy cerca el uno del otro, me decidí a enviarle un correo. Fui muy correcta; le felicitaba por su manera de escribir y le invitaba a tomar un café. Aseguro que de entrada yo no pretendía nada más.



No me contestó. Al cabo de pocos días, insistí mencionándole el hecho de que ya le había escrito con anterioridad y no había obtenido respuesta.



Necesité un tercer correo para que finalmente me contestase, en el que afirmaba que no había visto mis anteriores correos (se habrían perdido en la inmensidad de la red, a veces pasa, ¿o no ?) y que no tenía la más mínima intención de quedar conmigo.


Entonces yo le dije que lo entendía; que él mostraba un personaje en el blog y no a una persona. Su personaje se moría por conocer a cualquier mujer pero él no lo pretendía en absoluto.



Como resultado, me contestó con insultos que me ahorraré repetir y con el tono más despectivo que yo haya leído nunca por estos lares.



Por supuesto, no hubo réplica por mi parte. Me limité a desaparecer de su correo, de su blog y de todo lo que tuviese relación con él, aunque confieso y admito que sigo leyéndole porque su parte escritor me sigue apasionando aunque su parte hombre... bueno, digamos que deja mucho que desear.



No soy ególatra ni narcisista ni nada parecido; cualquiera de quienes me conozcan dirían que más bien todo lo contrario.


Y a pesar de eso, esta vez puedo, quiero y me da la gana afirmar que el sujeto en cuestión se perdió una gran oportunidad, una gran posibilidad.



Estoy casi completamente segura de que el sujeto no llegará hasta aquí, a estas páginas (que no están a su altura!), pero si así fuese le diría que perdió un café gratis, una charla posiblemente muy divertida y...quién sabe si algo más: un misterio que ninguno de los dos resolveremos nunca.