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viernes, 15 de noviembre de 2013

echar un polvo




En una ocasión chateaba yo con un conocido virtual, tratando de buscar el origen de la expresión “echar un polvo”.

Yo, toda listilla, le di una explicación, mi versión, aunque ya le advertí que no tenía por qué ser la buena. Hace un tiempo trabajé temporalmente en el proceso del envasado y empaquetado de preservativos. Los preservativos –sobre todo los de aquel entonces- iban cubiertos de una capa de un polvo muy fino y creo que la única finalidad era que la goma no se enganchase una vez envasada, y poder darle cómodamente el uso al que estaba destinado. Y de ahí, de ese polvito que llevaba impregnado, y como los polvos se esparcen o se echan, venía la expresión “echar un polvo”.

Este “amigo” creo que resultó ser la única persona que me ha odiado desde que navego por este mundo. ¿Los motivos? No me quedaron claros: creo que era porque soy catalana, porque soy gorda (bueno, gordita) y porque, según él, no tengo un elevado nivel cultural. Pobrecillo! Espero que a estas alturas haya aprendido ya que la buena educación no se mide por el nivel de conocimientos adquiridos.



Pero ayer recibí un correo en el que da otra explicación sobre el origen de esta expresión, “echar un polvo”. Y dice así:

Data de los felices años 20, unos años mágicos. España no se había metido en la Guerra Mundial y tuvo una postguerra muy feliz.

Los españoles conocieron el hedonismo, la buena vida y, en consecuencia, se incrementó el vicio del tabaco inhalado (el célebre rapé). Todos los hombres que se preciaban de ser elegantes llevaban en su bolsillo un bonito recipiente, en forma de caja, donde había polvo de tabaco (rapé), que se intercambiaba como signo de cortesía: “¿Quieres echar un polvo?”.

Pero como era de mala educación inhalar ante señoras, los hombres, cuando sentían el síndrome de abstinencia, salían del salón con la excusa de echar un polvo.

Pero muchas veces la ausencia del salón no era exactamente para inhalar rapé sino para tener un encuentro con alguna damisela en las habitaciones altas que tenían todas las casas de “buena familia” y se ausentaban diciendo “Voy a echar un polvo” y se perdía por las habitaciones donde se encontraba con su amante para un encuentro sexual.

Si alguien tiene otra versión, se agradecerá que la comparta. Dice el refrán que “nunca te acostarás sin saber una cosa más”, y aunque el saber sea masculino y la sabiduría femenina, yo personalmente prefiero acostarme con alguien que con conocimientos.


 

domingo, 6 de octubre de 2013

Venderte la moto



Imagina que tengo una moto y quiero venderla. Partamos de la base de que la moto es algo vieja, de segunda mano, usada. La carrocería no está impecable, probablemente necesitaría una mano de pintura. En cambio de motor está bien. Puede que no sea una moto para participar en campeonatos pero muy útil y te llevaría a cualquier parte.

Partamos también del hecho de que soy buena gente y en principio no voy a timarte con esta venta, y que pido un precio más o menos ajustado al producto.
Con estas premisas, puedo venderte la moto con diferentes enunciados:
a)      No, no puedo mandarte una foto porque quizás no te gustaría lo que vieras. En cambio, si la probaras, te encapricharías de ella; es una moto cómoda, potente, te llevará a todas partes, te hará sentir libre. Sólo tienes que venir a verla.
b)      Vale, te mando una foto de la moto, pero no te quedes con esa primera impresión. Ven y pruébala, y luego me dices.
c)      Si te mando una foto, sabiendo que es una moto vieja y el aspecto que tiene, ya ni vendrás, es que ni te molestarás, aunque yo te asegure que es una moto genial.

¿Con cuál de estas opciones te podría convencer más y mejor para venderte la moto? ¿Me compraríais la moto o buscarías otro vendedor, o una moto mejor?

Esto es parte de un pseudo-estudio que me he inventado para discutir con alguien sobre si sé o no vender un producto. Ah…y no pretendo venderos la moto!


jueves, 22 de agosto de 2013

A veces salen caras



El otro día estaba yo haciendo “cositas” delante del espejo del baño, y en un momento dado, en ese preciso momento, me miré. Dios! Me vi horrorosa….estaba muriéndome de gusto, pero estaba más fea que pegar a un padre.
Y eso me dio en pensar en las caras que podemos llegar a poner cuando nos corremos, cuando tenemos un orgasmo. De hecho, si el orgasmo es natural (o sea, no fingido), creo que nos ponemos fe@s de narices, y además no lo puedes controlar….Tu rostro se transforma en función de las sensaciones que estés viviendo, que tampoco tienen por qué ser siempre igual.





En los orgasmos fingidos, por ejemplo los de la gran pantalla, ahí sí que podemos estar guapas y guapos, perfectamente maquillados, o con sudor artificial si ha sido una sesión de sexo dura, con los labios sensuales, los ojos entrecerrados en el punto exacto, con la pantalla enfocando nuestro lado bueno





Una vez oí decir a un tipo (creo que ya lo he contado, no estoy segura) que los orgasmos son dolorosos, y que en realidad el placer sobreviene cuando dejas de sentir “ese dolor” y liberas hormonas. Esta teoría tan ridícula –a mi modesto entender- explicaría por qué ponemos a veces cara de estar sufriendo aunque nos estemos muriendo del gustazo.

También he oído decir muchas veces, más a ellos que a nosotras, que les sublima ver el rostro de su pareja en la cama en el momento de máximo clímax. No sé cuál es la razón, si comprobar que realmente se está disfrutando de lo lindo, o si es porque se está enamorado, porque realmente a veces ponemos cada cara….




jueves, 15 de agosto de 2013

Como una perra



Este año, a finales de julio, como ya es tradicional, celebramos nuestra tradicional “cenita de verano” con los compañeros de trabajo. En esta ocasión sólo fuimos 11. Éramos nueve chicas y dos chicos, una mala proporción si fuésemos a bailar valses o pasodobles o si quisiésemos ligar entre nosotros, pero no era el caso. Bueno, para mí un poco, pues uno de los dos chicos era, cómo no?el Sacarino…ese hombre que excita hasta mi médula y mi materia gris.

En el restaurante estábamos en una mesa alargada, él y yo en sendas puntas de la mesa. Él escogió sentarse al lado de la más guapa, aunque no tuviese nada que rascar con ella. Yo, por mi parte, decidí pasármelo bien a pesar de su presencia. Y comí, bebí (mucho), charlé, reí….. lo pasé en grande porque fui capaz de obviar bastante que él estaba presente.

Después fuimos a tomar unas copas a un bar musical. Se repitió lo mismo que en la cena, salvo que en esta ocasión yo fui el centro de atención de la fiesta: una que es divertida, y más con dos copas de más encima.
Al salir el grupo se disgregó; una parte se marchó a dormir y el resto nos fuimos a una conocida discoteca de ambiente de Barcelona. De ambiente por lo visto quiere decir que suele estar frecuentado por gays y lesbianas. Vamos, que mis escasas posibilidades de ligar estaban entonces aún más mermadas, pero a esas alturas de la noche y de mi nivel de alcohol en sangre, yo ya sólo quería bailar.
Y así fue. Nada más entrar, dos copas más y a bailar como si no hubiese bailado en toda mi vida. Me lo estaba pasando genial, estaba totalmente desinhibida y el ambiente era agradable a pesar del alto porcentaje de gente que había mucho más jóvenes que nosotros.
En dos o tres ocasiones salí fuera de la disco a fumar, y todas las ocasiones me acompañó él, pero volvía a su sitio al lado de las chicas monas cuando volvíamos a entrar dentro.

Cuando más ensimismada estaba yo bailando, sentí un calor por la espalda, como si alguien se me hubiese pegado mucho pero sin tocarme. Me giré y me encontré a un chaval, cubano por su aspecto, joven, joven, jovencísimo, que me estaba perreando.
Espero que sepáis que es el perreo, el reggaeton, porque yo no sé definirlo muy bien con palabras. Bailaba muy pegado a mí, insinuándose, recorriendo mi cuerpo de arriba abajo, juntando sus caderas, meneándolas, y todo….sin llegar a tocarme.



En milésimas de segundo se me pasaron mil preguntas por la cabeza: ¿por qué yo? ¿Sería por mis pantalones ajustados de color rojo? (Hacía siglos que no me ponía una prenda roja). ¿Sería por mi camisa negra con una leve transparencia en la espalda? ¿Serían por mis tacones de vértigo que me estaban ya matando de dolor? ¿Sería por mi melena pelirroja, esa noche alisada para la ocasión, flotando al viento? (jajajaja) ¿Sería que le parecí la única madurita interesante del lugar? ¡Qué sé yo! No me preocupé en buscar respuestas y, dentro mis limitaciones (pues no soy una gran bailarina, y no sé perrear!) le seguí la corriente.

Bailamos, perreamos, ahora de cara, ahora de culo, cada vez más y más cerca…… Todos mis compañeros estaban alucinando. Supongo que ellos esperaban que mi reacción hubiese sido retirarme o decirle al niño que se fuera a comprar un chupachups o a jugar con las niñas de su edad.
Creí que me moría de la risa cuando el chaval muy ágilmente se agachó hasta el suelo, se apoyó con sus brazos hacia atrás, abrió sus piernas haciendo que una de las mías le cayese en medio, y empezó a menearse, al ritmo de la música,  rozando mi pierna, siempre sin tocarme.
Cuando no pude más, le di las gracias y volví a salir a fumar.  El S. me acompañó y me dijo que yo estaba muy desaprovechada (pues aprovéchate, joder! Pensé yo).


El resultado de aquella noche fue una resaca a la mañana siguiente, una gran ampolla en un dedo del pie y unas ganas locas de perrear.
No es que me guste esta música desde aquella noche, ya me gustaba antes. De hecho, le pedí a L. que me enseñase a perrear (ella fue a una academia de baile) pero me dijo que lo único que tenía que hacer era dejarme llevar.
Y parte de razón tenía. De todos modos, he buscado algunos vídeos por ahí, empezando por lo básico y creo que al final seré una auténtica perra ;)

El perreo en pareja sí que conlleva tocarse, rozarse, y de hecho mucho! Jajajaja, quizás por eso me parezca  tan sensual, pero el chavalín se comportó, ¿para qué nos vamos a engañar?

¿Os animáis a practicar con lo más básico?

martes, 5 de febrero de 2013

Rojo, amarillo y.... verde!




Discutíamos en el trabajo mientras desayunábamos sobre cómo actuar correctamente ante una luz ámbar de un semáforo.
No es ese semáforo ámbar continuamente intermitente. Ante ése, todos estábamos de acuerdo: Pasar pero con precaución, probablemente peligro indefinido: glorieta, paso de peatones, obras en la vía, etc.

La duda surgía con el semáforo ámbar que dura unos segundos antes de pasar a rojo. Unos creían que avisaba de que había que detenerse, pues en nada estaría en rojo. Otros creían que era un aviso para, precisamente todo lo contrario, acelerar y pasar antes del cambio a rojo. Y otros, como yo, pensaban que había que detenerse, pero si había riesgo de que el de atrás colisionara contigo, mejor acelerar.

Y que si esto, y que si lo otro, y que si el código de circulación dice tal cosa,… Yo me aburría un poco y, levitando la mente que a veces se me da genial, no pude por menos que imaginarme como si yo fuese un semáforo.

Ahora tengo el pelo rojo. Mis ojos son verdes en ocasiones (generalmente, cuando lloro), y mi sexo, la parte más íntima de mi sexo, está permanentemente en color ámbar. Ahora tú, “conductor”, decide si aceleras, o te paras, o si consideras que hay un riesgo probable.


sábado, 5 de enero de 2013

Tirar piedras y esconder la mano




No soporto a la gente que tira la piedra y esconde la mano.
Uno puede lanzar una piedra con la intención de romper el cristal de una ventana. O puede, que lo haga apuntando hacia otro lado, y el hecho de romper el cristal haya sido sólo casualidad o un mero accidente. 

Pero en cualquier caso, se da la cara, se asumen responsabilidades, se piden disculpas si no hubo intención, en fin…cualquier otro gesto que no implique esconder la mano, evadir responsabilidades e irse de rositas.
Tirar la piedra y esconder la mano es algo que se le da muy bien por ejemplo a los políticos. Tanto, que yo creo que deben tener esa aptitud o capacidad ya innata para poder dedicarse después a ese enrevesado mundo.

Pero como aquí sólo hablo de erotismo, o sucedáneo del mismo como algunos opinan, pues al grano.



En mi vida, uno de los grandes especialistas en tirar la piedra y esconder la mano es A., alias el Sacarino.Lleva mucho tiempo lanzándome piropos, indirectas que a veces son más directas, y cuando intentas cogerle el relevo, enmudece y desaparece.

El mes pasado, antes de acabar el año me mandó un correo electrónico que decía algo así “¿Por qué es importante tener un coche grande?” y como respuesta a tal pregunta salía un tipo en un gran descapotable, y cuatro tías en topless haciendo autostop.

Le contesto y le digo: “¿Y tú como lo tienes de grande, querido? ….me refiero al coche, por supuesto”
Y me contesta: “Grande, enorme y potente. Lo pongo de 0 a 100 en segundos”.
Evidentemente, los dos sabíamos que no hablábamos de su coche. Le vuelvo a escribir: “¿y no se te cala nunca, nunca….?”
El Sacarino contesta: “Para nada. Te doy una vuelta en él cuando quieras, muñeca”. Le digo: “Cuando tú quieras”.
Y fin de la correspondencia. Aquí se acabó todo. Se rajó, se acobardó…¿para qué coño empieza lo que no va a acabar?

Éste es sólo un ejemplo más pero el Sacarino es experto en ponerme la miel en los labios. Así es que el mes pasado de diciembre, en una comida de trabajo, me las ingenié para quedarme con él a solas.
Después de comer, algunos tenían que volver al trabajo y otros nos quedamos. Y de los que nos quedamos, algunos tenían que volver a la empresa a buscar su coche pues lo habían dejado allí. Yo me ofrecí a llevar al Sacarino de vuelta a la empresa a buscar su coche, y eso que no me pillaba ni remotamente de paso. O sea, que fue más que evidente que quería hablar con él.

Quince minutos de trayecto hablando de banalidades, aparco en un lugar apartado, espero que reaccione y va y me dice: “Estas vacaciones….(de Navidad), podíamos quedar….”
Bueno, aquí empiezo a pensar que por fin se va a decidir. Y continuó….”podíamos quedar unos cuantos e ir a echar unas cervezas”.

Será capullo!  Le dije que vale, que me llamara, arranqué y me piré. Antes de llegar a mi casa ya había decidido que el Sacarino al fin dejaba de estar en la lista de los hombres que deseo, que deseo mucho. No me sentí mal por ello, la verdad…. Después de  todo, y no es por vanagloriarme, creo que él pierde más que yo, y que ha tenido ya muchísimas oportunidades. Él fue el primero de algunos nombres más que borré en días posteriores.

Sacarino, has tirado muchas piedras en los dos últimos años, y siempre, siempre has escondido la mano. A partir de ahora, apunta hacia otra ventana.


viernes, 5 de octubre de 2012

Por los pelos!





Esta tarde al salir de trabajar se me averió el coche, no arrancaba. Para más inri, me había comprometido a acompañar a una persona a un sitio, a diez kilómetros y todos por ciudad, semáforos y demás… y esa persona tenía que estar allí en veinte minutos. Y yo había quedado en asistir a una reunión alrededor de media hora después.

Cojo el móvil - oh Dios! Al menos esta vez lo tenía completo de carga- y hago varias llamadas. Aviso al taller de que le llevaré mi coche con una grúa. Llamo a la compañía de seguros para que me manden la grúa; no pueden mandarme un taxi para mi acompañante porque la distancia mínima que necesito para que el seguro me cubra eso son 25 kms. Localizo a un tercer conductor para que venga a recoger a mi acompañante y lo lleve a su destino. Localizo a la gente de la reunión para avisarles de que no iba a poder llegar a tiempo.

Todo eso en diez minutos, y en quince ya estaba allí la grúa. Su conductor, ufff madre mía: super atractivo! Al menos iba a pasarme algo bueno hoy, alegrarme la vista. Unos cuarenta años, alguna canita graciosa en su pelo, una sonrisa de anuncio y una simpatía desbordante.

Aunque me cayó un pelín gordo cuando me dijo “será la batería”. Le dije que no, que estaba completamente segura de ello, y que el coche tenía iluminado, radio…y esas cosas funcionaban perfectamente.
Parpadeo y me miro el flequillo. Hace justamente una semana cambié radicalmente mi pelo. Después de varios años siendo rubia, ahora soy pelirroja. Y pienso: “mira, seguro que éste es de los que hubiese pensado: mujer tenía que ser y encima rubia”.

Mirando al susodicho y pensando en mi pelo, me pide las llaves del coche para intentar arrancarlo él. Claro, Belkis es tonta y no sabe. Pues sí, me puse nerviosa, me alteraba mucho, y no encontraba la puñetera llave en ese bolso que llevo de Mary Poppins, donde puedo encontrar en él de todo lo que busque, excepto las llaves del coche.

Me dice el de la grúa: “¿Cómo te llamas?”. Uys, yo ya me estaba encendiendo y pensando que estaba ligando, qué bien.

“Belkis”, le digo. Y él, condescendiente, “Tranquila, Belkis. No tenemos prisa”…..madre mía, cómo me estaba poniendo! Me lo imaginaba diciéndome eso al oído, mientras me lo follaba.

Aparecen las llaves. “No, no es la batería”, me dice. Vaya hombre, qué descubrimiento.
Y continua: “Mira, le quito el freno de mano, lo empujamos entre los dos, para encararlo mejor hacia allá y hacer el enganche” (yo sí que estaba deseando engancharme a él, como una perra).
Lo empujamos, aunque costó un poco….. A mitad del breve recorrido, empezó a ponerse un poco rojo el hombre y me dice: “Venga, Belkis,….ufffff, un poco más…..empuja un poco más, que ya casi estamos”.
Tuve que morderme el labio para no mearme allí mismo de la risa.

Durante el recorrido hacia el taller, de unos quince minutos, charlamos bastante….la verdad es que era un tipo muy, muy agradable. Al despedirnos, nos estrechamos la mano y estuve tentada de darle mi teléfono.
Caí en la cuenta de que lo tenía. Se lo dejé a la operadora y me consta que ella a él, ya que no era fácilmente localizable el lugar donde se me averió el coche y quizás el conductor de la grúa tuviese que llamarme para que yo le diese algunas indicaciones. Así es que allá él....a ver si lo intenta.

La verdad es que no me siento muy a gusto siendo pelirroja….creo que no me lo he ligado, por los pelos!


jueves, 27 de septiembre de 2012

Estoy que ardo






Sucedió hace justo una semana.
Estaba yo tan ricamente en mi despacho, era media mañana, algo más de las doce. Una mañana de vértigo, de prisas, de llamadas, de temas que cerrar y una reunión que se montaba con los jefes en el despacho situado a mis espaldas.

Cuando todo parecía relajarse un poco y yo estaba casi decidida a darme un respiro de cinco minutos ante un aromático café, se va la luz en el edificio y suena la alarma de emergencia. Los compañeros de los despachos contiguos me preguntan a mí si se trata de un simulacro de emergencia, porque se supone que yo debo saber cuándo va a haber un simulacro. Y así es, pero cuando lo hay, yo no lo digo porque si no…vaya mierda de simulacro sería!
Pero no, yo no sabía nada e intento tranquilizar al personal diciendo que probablemente era la alarma del ascensor; si había habido un corte de electricidad, probablemente alguien se habría quedado encerrado. Tardamos menos de quince segundos en darnos cuenta de que aquello no iba en broma, y sin saber qué pasaba, empezamos a salir todos, deprisa pero sin pausas, sin precipitarnos pero sin detenernos, todo el mundo sabía a qué lugar debía dirigirse y los encargados de protección comprobaron que nadie quedase dentro. En cuestión de dos minutos, habíamos salido a la calle más de mil doscientas personas.

Ya en el exterior, me puse algo nerviosa porque me di cuenta de que aquello iba en serio. Pero no podíamos hacer nada más que esperar y quizás nos llegasen noticias, pues no sabíamos ni lo que estaba sucediendo aunque ya algunas personas comentaban que había humo y otras que olía a quemado.
Apareció en un par de minutos un camión de bomberos, con la sirena puesta. Dos minutos después, llegó otro camión.
Yo encendí un cigarrillo para calmarme pues estaba algo angustiada. Mis compañeros, más tranquilos que yo, empezaron con la guasa. “Ey Belkis, dos camiones…hoy te vas a poner las botas, eh?”

Dos o tres minutos después llegaron dos camiones más de bomberos, más ambulancia, policía y más gente que aún no sé muy bien qué hacían allí.
Había tantos bomberos corriendo por allí, con sus mangueras recias, sus cascos….y que mis ojos no daban abasto.
Parece ser que el incendio no fue tan excesivamente grave como parecía y sólo entraron al edificio uno de los grupos de bomberos. El resto, se quedó por allí; supongo que por si el fuego no se controlaba o se reavivaba.
A mí sí que se me estaba reavivando!!!! Pero yo disimulando, y soportando comentarios de algunos.

Se me acerca un compañero con un móvil última generación (es una especie de reportero de la empresa) y me pregunta: “Belkis, cuál te gusta más que te hago una foto con él”.
Yo, sin dudarlo, contesto: “El calvo, sin lugar a dudas”.
Otras risas y ahí parecía quedar todo.

De pronto veo a mi compañero P. que se salta el ficticio cordón de seguridad, se acerca a uno de los bomberos, se saludan, se estrechan la mano y charlan animadamente. Debían conocerse de algo.
Y veo que los dos, P. y el bomberito, se van acercando hacia el círculo de personas en el que yo me encontraba.
P. siempre indiscreto y muy bestia, me llama a voces: “Belkis, ven, mira…” y los dos, P. el burro y el bombero morenazo caminaban hacia mí.
Yo no daba crédito, me temblaban las piernas: “P. ni se te ocurra, no me hagas esto, aquí no….”
Y pies para qué os quiero, desaparecí entre la multitud.

Después supe que P. y el bomberito morenazo son amigos. Que P. le convenció de hacerse una foto con una compañera (qué le contaría?) y que el chaval, muy profesional él, fue muy reticente pues estaba en pleno acto de servicio y podría tener algún problema.
E incluso yo podría haberlo tenido, como después le expliqué a P.

Todo quedó en un incendio considerable pero controlado. Hablo tanto del edificio como de mi persona.

Recreé la vista pero no pude deleitarme en nada más. Es como cuando te gusta el chocolate, y te ponen 50.000 bombones delante pero te atan las manos y te tapan la boca para que no puedas probar ninguno.
Entre mi círculo de más allegados compañeros, durante dos días se habló más de mí, de mis sensaciones y de lo que disfruté (joder! Si me quedé con unas ganas terribles!) y de si habría sido yo la causante del incendio, que del motivo del incidente o sus consecuencias.
Me lo apunto en mi lista de cosas pendientes por hacer: quiero un bombero, aunque sea por una noche, y que no esté de servicio pero que esté completamente al mío.

Por cierto… y por si a alguien le interesa, creo que puedo ser ardiente pero no soy una pirómana. El incendio fue provocado en un cuadro eléctrico por alguna causa que desconozco.


jueves, 13 de septiembre de 2012

Follow me o FóllaMe


No me diréis que a simple vista- y sin gafas- no parecen lo mismo!




Hace ya algunas noches me iba tarde para dormir, como de costumbre. Tenía un agotamiento bestial y eso que ni venía de ni iba a tener descomunales sesiones de sexo.
Al pasar delante del estudio, vi que tenía encendido el ordenador; y al acercarme para apagarlo, leí casi en diagonal lo que había en la pantalla.
Confieso que uso gafas. Sólo las necesito para leer y escribir. De hecho, puedo leer sin ellas, al menos hasta ahora.
Pero creo que será mejor que lea siempre con ellas puestas.
Leí en mi pantalla “100 folladores”. Madre mía! Un escalofrío orgásmico me recorrió todo el cuerpo.  ¿Cómo era posible, con lo que me está costando encontrar uno?
Parpadeo rápidamente, intentando despejar tanto el sueño como el cansancio, y me coloco las gafas: Followers.
¿Por qué blogger permite traducir toda la página de edición y seguimiento a cualquier idioma, el español en mi caso, y deja esa palabrita en inglés?
Me entró un cabreo! Pasé en décimas de segundo de sentirme una ninfómana que iba al fin a ser saciada a una pardilla con gafas, que sólo domina el inglés si es bajito y se deja (bueno, con que se dejase sería suficiente).
Así es que me dejo las gafas puestas que también estoy muy mona. Gracias de corazón a los followers por ser y estar pero  yo, en mis trece, seguiré esperando a los otros.


lunes, 20 de agosto de 2012

Reseñable o destacable



Se acabaron mis vacaciones, aunque aún me quedan algunos días de estar por casa, sin ir a la oficina.
Y como prometí a no recuerdo quién, contaré lo más reseñable de ellas. Si alguien espera que cuente cómo follé cómo una loca bajo un cielo repleto de estrellas, o cómo me lo monté con un tipo en un coche como si fuese una adolescente, que deje de leer aquí. No ha sucedido nada de eso, desgraciadamente. De hecho, no ha sucedido nada de nada. Supongo que en parte ha sido porque viajaba con dos maletas bien cargadas: en una, mis kilitos de más, y en la otra, unos cuantos familiares que me acompañaban. Si casi no he tenido tiempo, espacio ni intimidad para masturbarme! Joer.

Al día siguiente de llegar me compré un bikini. Negro. No me lo probé. Cuando llegué a casa, vi que era más pequeño de lo que yo necesitaba. Aún así me lo enfundé y me fui a la piscina. Podía llamar la atención de alguien que pensase que me sentaba como el culo de mal, o la de alguien que pensase que yo no estaba tan mal del todo. Ni lo uno ni lo otro. Varios días de piscina y fui totalmente invisible ante el mundo.

Volví a la cocteleria donde fui el año pasado y pedí el mismo cóctel, aquel que supuestamente debía llamarse Belkis. Cuando iba a averiguarlo, vi al dueño del local y el que preparaba realmente los cócteles, pues montaron una barra en la terraza y la clientela podía ver cómo los preparaba. Se me olvidó el nombre, el sabor y todo lo demás…. Sólo imaginaba al tipo aquel haciéndome y haciéndole todo tipo de guarrerías.

Otra cosa es que vi a un rollito de verano que tuve una vez, hace ya siglos y siglos. De hecho, estuvimos enrollados durante cinco veranos seguidos. El último verano que estuvimos juntos a mí me quedaba un año para acabar la carrera. Sólo esperaba que él me pidiese que me quedase, o que volviese, y lo hubiese hecho con los ojos cerrados. Y sin decirlo, parecía que así iba a ser. Dos meses después de mi marcha, dejó embarazada a una chica y se casó con ella. Tuvieron hijos, hizo su vida como pudo, no sé si logró ser feliz y nunca volví a verle.
Nunca hasta este verano en que yo sabía por mi madre que él trabajaba en la casa del vecino de al lado, haciendo unas reformas. Lo que no podía esperar es que yo saliese a tender una lavadora, con unas pintas de maruja insoportables, y que me lo encontrase en el tejado. Nos miramos a los ojos, nos dijimos hola (sólo eso, después de muchísimos años sin vernos) y nada más. Volví para adentro y les dije a las féminas de la familia que debería salir, enchufarme la manguera de regar el huerto, darme un remojón, remarcar mis pezones, y enseñarle lo que se perdió por tonto. Podía hacerlo disimuladamente jugando con los niños de la familia y haciendo ver que eran ellos quienes me mojaban, sin intención alguna. Nos sirvió para echar unas buenas risas, pero nada más.



Una noche en la discoteca me reencontré con Santi. Es un chico del pueblo que salía en nuestra pandilla cuando éramos jóvenes, aunque yo sólo lo veía de verano en verano. Nunca tuvimos nada; a mí me gustaba pero nunca le vi ningún acercamiento especial hacia mí. Me encantó volver a verle, recordamos viejos tiempos y nos intercambiamos nuestros números de teléfono.
Al cabo de pocas noches salí. Esta vez sola. Decidí que más valía salir sola que mal acompañada. Me costó alguna que otra discusión; aún existen lugares de nuestra España profunda donde sigue estando mal visto que una mujer salga sola, de noche, y fume y beba. Pero lo hice. Le mandé un sms a Santi preguntándole si iba a ir a la disco. Y me dijo que no, que estaba ya en la cama. Eran las tres de la mañana, pero estábamos en fiestas. Estaba algo depre pues hacía una semana nada más que lo había dejado con su chica. No le dije que estaba sola, al fin! Y que me encantaría pasar con él un buen rato. Se lo dije al día siguiente. Santi dijo “Joder”, la primera vez que le he oído decir un taco. Presiento que volveremos a vernos.

Y esto es todo lo destacable. Como decía aquella canción: “Se nos murió el deseo de tanto usarlo”… volví con la líbido baja, a ver si esta vez logro que remonte de nuevo aunque energías no me quedan.


martes, 17 de julio de 2012

Las camisetas son para el verano



Mucho se habla aquí y allá de que si una mujer quiere follar, se folla, que ella es quien tiene la última palabra, porque claro, el hombre siempre está dispuesto, por él no hay problema. Y también que si no hay que ser un bellezón ni un tipo cachas, porque pillar cacho pilla cualquiera.
No sé, supongo que cada uno interpretará la película según le vaya. Pero yo no podría estar en más desacuerdo.
Algo falla en las señales que emito: quizás mi escote no es lo suficientemente generoso, quizás no es del todo sensual mi cruce de piernas, quizás cuando me humedezco los labios porque un tipo me atrae se piensa que es que los tengo resecos, quizás sostener la mirada es algo que acobarde,….no sé. También es posible que fallen vuestros receptores de señales, chicos.
El caso es que una tiene ganas pero quizás lo del cortejo no se me dé demasiado bien. El otro día hablaba de esto con mi amiga Ssshhh, y yo le decía que al final sólo me quedaba pintarme un letrero en la frente que diga: “Quiero follar”, pero claro, me tomarían por loca?
Entonces me acordé de aquella ocasión en que me disfracé de bebé, con mis pololos, mi chupete,…no me faltaba ningún detalle. La gente conocida con la que me iba encontrando me decía que iba muy mona y me daba dos besos. Yo suponía que era por la ternura que despertaba mi disfraz hasta que me besó alguien que no me esperaba (un superior en mi empresa), me quedé algo parada y me dijo que era lo que ponía mi babero: “kiss me” llevaba impreso.
Así es que le digo a mi amiga que me voy a hacer estampar una camiseta con alguna frase que invite a algún tipo a acercarse con intenciones….serias? Noooo. Bueno, el sexo hay que tomárselo en serio, pero ya está.





Y le digo a Ssshhh: “¿Qué te parece si me pinto en la camiseta: Yo follo…y tú?”
Y ella, inteligentemente, me hace caer en la cuenta de que esa frase encierra cierto aire de superioridad, de ir sobrada vamos. No, esa no me convenía.
Ella me sugirió: “¿”qué tal si pones: Follamos?”. Suena más como a una invitación, el que quiera bien y el que no pues pasando.
Pero yo pretendía algo más impactante, algo que no dejase lugar a dudas y no me conformaba con una invitación que siempre puede ser rechazada.
Así es que pensé este otro enunciado: “¿Me follas o te follo?”.
Sí, creo que este me gusta. Con éste queda claro que voy a por ti, o empiezas tú o empiezo yo, pero los dos sabemos cómo vamos a acabar.
El verano es un buen tiempo para lucir camisetas, de todo tipo. Voy a ver si me la confeccionan para mediados de agosto en que asistiré a una fiesta de camisetas mojadas. Si cuela, cuela y si no…a la lavadora y punto.


jueves, 28 de junio de 2012

Mi operación bikini





El domingo pasado se inició mi operación bikini. Sí. Porque la mía no consiste en machacarme en el gimnasio o hacer una dieta estricta unos meses antes del veranito. Lo primero, básicamente, es por falta de tiempo, y lo segundo es porque no creo en las dietas milagrosas. Hice la mía propia hace un par de años, funcionó, no con un gran exitazo pero funcionó y en ésas me mantengo.

El primer paso de mi operación bikini consiste en el pudor de endosarme/incrustarme el bikini en los primeros baños, los primeros días del verano en que puedo permitirme el lujo de ir a la piscina o a la playa y tomar el sol. Esos primeros días me cuesta mucho, aunque he de reconocer que cada vez menos.
Me pongo el bikini y me siento cómoda, a gusto, sexy…sí, hasta un poco sexy. Y entonces llega el momento de mirarte al espejo.
Esperas ver una imagen pero el espejo te devuelve una diferente.
Y entre una imagen y la otra, me voy mirando hasta autoconvencerme de que tampoco me queda tan mal –no sé si me engaño o no, aún no he pedido opinión a nadie de cómo me sienta el bikini ni nadie me la ha dado-.

Me voy para la piscina, me quito la ropa….el primer paso de la operación bikini ya está superado.

El segundo paso importante es cuando te tienes que pasear por el recinto, bien para ir al baño, a la cafetería o a la zona de fumadores (sí, porque en la piscina a la que voy habitualmente ya no se puede fumar, ni al aire libre, salvo en un lugar reservado para ello). Aquí intento no mirar si me miran; porque si encontrase una cara de aprobación o deseo, me sentiría satisfecha. Pero si fuese al contrario, vete tú a saber por dónde me daría. Así es que me paseo, generalmente con mi pareo, y ajena a las miradas del mundo.

El tercer paso de la operación bikini es fijarme en todas las tías que van en bikini. Este paso no ayuda demasiado porque aunque veo a mujeres que el bikini les sienta mucho peor que a mí y valoro sus ovarios para aún así lucir palmito, también hay otras a las que el bikini les sienta como un guante, resaltando aún más lo atractivas que son.
Supero este tercer paso empezando a fijarme en los cuerpos masculinos. Mmmmm, aquí disfruto un montón. Me gustan casi todos. Casi todos provocan en mí una sensación tan excitante que si fuera hombre además sería más que evidente.

Llegado a este punto, ya me da igual cómo me siente o no el bikini. Me da igual que me miren. Y si alguno quiere tocar además de mirar, sólo tendría que intentarlo.
En este punto mi operación bikini ha finalizado, y entonces es cuando empiezo a mirar de comprarme uno diferente, más descocado.


Por poner algunos ejemplos gràficos:


Yo no creo que me pusiese un bikini si mi aspecto fuese así. O en todo caso, elegiría otro modelo más de acorde a mi anatomía. A pesar de ello, admiro a esta chica por hacerlo, por no tener complejos de ningún tipo y por mostrarse -o intentarlo- lo más atractiva y sexy posible.



Tampoco me quedará nunca así el bikini, tan espléndidamente bien y adaptado al cuerpo como si fuese una segunda piel. Pero si he de ser sincera -y no es una pataleta- es un cuerpo muy estandard, muy de modelo, y me gustan los cuerpos más naturales.




Y podría decirse que a mí el bikini me queda más o menos así, vamos como la media, con algún kilito de más y algún michelín sobrante, y con la parte de arriba más o menos demasiado ajustada.