sábado, 19 de octubre de 2013

Hoy quiero confesar



Cuando empecé con este blog, era sólo como una especie de hobbie y no sabía ni lo que iba a salir. Poco a poco salió lo que véis, no hay más.
Pero a medida que el blog avanzaba, a medida que veía que algunos os animábais y mandábais fotos, relatos,…yo me sentía animada a continuar. Y entonces, por el blog o por la vida misma o por un poco de ambas cosas, me puse como dos metas a conseguir: una, volver a sentirme una mujer sexy y encontrar al menos a un hombre que así lo creyese también. Y otra, tener un encuentro íntimo con el hombre que me ha levantado grandes pasiones en los últimos tiempos y del que también he hablado aquí en ocasiones.

Ahora….ya he conseguido esas dos metas. ¿Y ahora qué? ¿Ahora esto toca a su fin? ¿Me queda aún algo por explicar, por contar, por compartir?
No lo sé, no tengo ni idea. Pero en ésas estaba, cuando recibo un correo de un lector regalándome una imagen para el blog. Y venga, remonto de nuevo; la publicaré en breve…vuelve a haber algo que contar. Y de hecho, ahí ando en dos proyectos con dos lectoras, y que espero que pronto puedan ver la luz. Así es que aún queda algo de camino.

Cuando empecé este blog, tenía otros dos. Y poco a poco los fui abandonando hasta clausurarlos y me centré en éste. Y ahora, ando con la idea de la creación de uno nuevo…aún me queda mucho por hacer, pero todo se andará. No sé si eso implicará clausurar éste o no, y deciros adiós.
No es que abandone los blogs….esto es como los hijos, nacen, crecen, se disfrutan…y un día se hacen mayores y se piran.
No ha llegado el momento, no voy a finiquitar este blog…aún me queda mucho por excitarme yo sola y con vosotros y vuestras palabras.


Hoy sólo clausuro una sección: Confesiones. Todo lo que podía confesar, ya lo he hecho. Todo lo que podía contar de mí, ya está explicado también. Por cierto…agradecer a quienes no se quedaron con la impresión que pueda ofrecer un personaje y que intentaron conocer a la persona. La mayoría sois estupendos-as, con sentido del humor, amables, gratificantes y agradecidos, excitantes!…lo mejor que me llevaré de aquí.
(Para los que no se hayan muerto de aburrimiento leyendo, pincha aquí)

lunes, 14 de octubre de 2013

Mimitos



Cuando llevas mucho tiempo sin tener relaciones sexuales con nadie, te duele todo. El síndrome de abstinencia es bastante duro. Sólo puede saberlo quien lo haya padecido. Y quien no lo haya padecido no puede decir “yo no lo soportaría”, porque eso es porque no se ha visto nunca en según qué circunstancias.
El caso es que se echa de menos, mucho, muchísimo. Y para ir superándolo, se practica el sexo con uno mismo, y en ocasiones participando con algún juguetito.
Y momentáneamente quedas resarcida, satisfecha (no sé si plenamente), pero tu cuerpo ha sentido. Te das cuenta de que sigues viva. Y así hasta la próxima. Y cada día te duele más darte cuenta de que, como el chocolate, masturbarse no es un sustitutivo del sexo; en algunos casos será un coadyuvante y en otros un paliativo.


Pero hay algo que no puedes paliar a solas, y son los mimos; esos gestos, caricias, guiños, besos que recibes cuando acabas de tener sexo con alguien. Sí, chicos, ya sé que muchos sóis de acabar reventados y poneros a dormir casi inmediatamente. Y el que aguante un segundo asalto (o más, jejeje) se pone a dormir después también.
Hay que cuidar esos detallitos del después. ¿Verdad que cuidamos mucho los preliminares (salvo que sea un aquí-te-pillo-aquí-te-mato)? ¿Por qué no esmerarnos también en los postcoitales?
Tanto como el sexo yo echo muchísimo de menos esos mimos, como que te acaricien la espalda, o te besen el hombro, o quieran estar un rato abrazados a ti, o que te acaricien la cabeza (ufff, esto me vuelve loca!).


No os hagáis de rogar, chicos. Estos gestos pueden parecer románticos pero no os compromete a nada. Puede ser un polvo de una noche y acabar así; seguro que ella (al menos si fuese yo) lo recordará con mucho aprecio.
Y ya, para los que se lo curren mejor, y si habéis podido dormir juntos esa noche, qué tal si le preparas un baño caliente o un suculento desayuno?



Sé que quizás tendría que haber evolucionado más y olvidarme de estos detalles “pseudoamorosos”, pero no he podido. Ahora, cuando me encuentre con un tipo, no sé si le diré “Fóllame” o “Mímame”….quiero las dos cosas! Tú me mimas, yo te mamo.

viernes, 11 de octubre de 2013

El comedor perfecto



 
A él le encanta comer coños. Así de llano y de simple.
Nada le llena, le excita ni le satisface tanto como tener un coño en su boca, saboreándolo, haciendo que su lengua juegue con él, haciendo que el clítoris se hinche incluso hasta límites insospechados para su dueña.

Él deja elegir a la mujer que le ofrezca su coño la posición en que ella lo prefiera: tumbada boca arriba, a cuatro patas, sobre su cara, de pie mientras él se arrodilla,… en cualquier posición él disfruta lo mismo y sacia ese deseo de comer, lamer y chupar, cada vez más incontrolable.
Aunque su vasta experiencia le ha demostrado que la mayoría de las mujeres disfrutan más de una comida de coño mientras están tumbadas boca arriba, pudiendo así abrir más sus piernas ofreciéndole a él esa abertura en todo su esplendor, y resultándole a él quizás más cómodo también.


A veces, en sus citas, ha llegado a espantar a alguna mujer, porque no todas entienden que él sólo quiera comerle el coño, y si puede ser varias veces seguidas, mejor. No todas las mujeres entienden que él sólo quiera eso.
Y su lengua, entrenada magistralmente coño tras coño, está vigorosa y no se cansa nunca de lamer.


Él sabe percibir en su lengua cuándo una mujer necesita que él acelere el ritmo de su lengua, o lo ralentice, o cuando ella necesita una penetración con los dedos paralelamente al juego de la lengua….
Como un ciego que desarrolla algún otro de sus sentidos, él ha desarrollado unas aptitudes increíbles en su lengua, y distingue texturas, sabores, rugosidades, vellos, olores,… él sabría reconocer con los ojos vendados y usando su lengua, cualquier coño que hubiese probado antes.
Y él no pide nada a cambio. Porque el placer lo obtiene así. Si alguna de las mujeres a las que ha practicado un excelente cunnilingus pretende después practicarle una felación o simplemente follar, él lo permite…y disfruta, y generalmente se corre. Pero si eso no sucede, si en alguna rara ocasión alguna mujer no quiere nada más después, él ya está satisfecho, se siente pleno a pesar de que algunas veces acabe masturbándose para calmar su excitación.


Otras mujeres, quizás las menos, le han entendido, y le ofrecen gustosamente su coño de cuando en cuando. Y él disfruta, y ellas gozan, y ellas odian comparar pero nadie les ha comido el coño nunca de semejante manera.

Es el comedor perfecto. Lo hace muy bien, se adapta a cualquier coño, no le importa repetir una y otra vez y no espera nada a cambio. Para mí sería ya perfecto del todo si fuese, por ejemplo, mi vecino y pudiese llamarle cada noche. 


Dedicado con cariño a alguien que, aunque no lo he probado, creo que es un gran comedor.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Sentirse


¿Cómo me he sentido cuando él me ha pedido hoy que sea su regalo de su próximo cumpleaños?