domingo, 29 de abril de 2012

Yeeeaaaahhh!


Hace unos años, una compañera de trabajo empezó a estudiar baile country, en línea. Y se le dio tan genialmente bien, que nos propuso a algunas compañeras enseñarnos en los ratos muertos que nos sobraban en nuestra pausa para comer en el trabajo.
Nos fuimos animando, convenciendo a más gente, disfrutando de la música y los bailes country, el grupo se fue ampliando y un día le propuse al grupo hacer una exhibición pública.
Busqué sitio, día, hora, envié la convocatoria a mucha gente, organizamos un aperitivo para los asistentes y la verdad es que fue un exitazo. Yo hice de manager además de bailarina y disfruté enormemente.
Se hicieron fotografías y a partir de ahí un calendario (que nada desmerecía a los famosos calendarios de bomberos), que no sé por dónde andará, espero que no pulule por la red.


Tuve que retirarme del grupo primero por motivos de salud y luego por falta de tiempo. Hasta que hace unos días volví a ver una exhibición del grupo. Ya no estaba compuesto por las mismas personas y ahora era sólo femenino.
Casual o inconscientemente, ese día yo llevaba tejanos y una camisa a cuadros. Me prestaron un sombrero, y participé en un par de bailes que enseñaron para el público.
Estaban todas las chicas del grupo divinas, con sus tejanos marcando culo, sus botas, sus chalecos, sus sombreros, sus pasos perfectamente sincronizados, sus caderas moviéndose al unísono…..(y conste que no me gustan las mujeres!), y me dio un no sé qué, una sensación parecida a lo que sientes antes de tener un orgasmo, y volví a apuntarme.
La semana pasada fue mi primera clase y mi primera exhibición (si llego a estar preparada) será en junio.

Cuando bailo country río, disfruto, me animo, se me hinchan los pulmones, me impregno de vitalidad y me siento sexy, super sexy.

Quizás me iría mejor si a partir de ahora me relacionase sólo con vaqueros….yyyyeeaaaahhhh!




viernes, 27 de abril de 2012

Braguitas mojadas, por El Perfumista

No es la primera vez que El Perfumista regala un relato para este blog. He aquí su nueva aportación:

Braguitas mojadas

Tras su divorcio. la señorita Esperanza hacia tiempo que no hacia el amor . Del trabajo a casa ,cuidarse de su hijo pequeño, alguna placentera cita esporádica de vez en cuando  y su sexualidad reducida a eso y a la masturbación . 
Conoció a Pep el Sbrasada  en su local de embutidos. Mientras atendía a su pedido, no dejaba de mirarle las tetas con disimulo . Esperanza a pesar de darse cuenta de eso  no se sintió molesta sino más bien halagada  ya que una mujer de 40 no suele ser objeto del deseo por alguien de 35. 
Pep el Sobrasada, cuyo sobrenombre hacia referencia a su pene alargado como una serpiente encogida en un slip que no conseguia tapar todo su órgano, le dijo si queria que le sirviera en su domicilio el género comprado a lo que Esperanza accedió gustosamente.  
A eso de las 21 hm tras cerrar su comercio,  se dirige a casa de Esperanza . Pep llevaba ropa de deporte , pantalón corto y un shirt  ya que era julio . Esperanza se estaba duchando cuando tocó Pep el timbre . Ella se puso una bata de seda y un tanguita para abrir la puerta . Al verla, Pep se puiso rojo al comprobar que su " culebra" se despertaba y sin querer sobresalia de su slip . Esperanza al comprobar ese tronco duro y altivo  le dijo que pasase mientras se quitó la bata y empezaron a juguetear un poco . Su tanguita estaba más húmedo y mojado que el lago de Enol . Sus bragas  parecian un bikini  y a Pep la punta de su polla le hacia juguito . Tras arrancarle el tanguita de un mordisco en plan " el último tango en Paris " le come el coño moviendo " el bigote " como diria Carpanta . Hoy comerá y no pasará hambre  que con tanta crisis  ya era hora  jejeje. La penetró a continuación apoyadándola sobre la mesa y al final le pidió el tanga de recuerdo como el torero que tras la corrida pide el rabo y las orejas .


miércoles, 25 de abril de 2012

Placer...mortal?



Hace unos años me paseaba por algún que otro chat.
En una ocasión apareció en él un tipo que manifestaba y defendía que el orgasmo no era placer sino dolor. No se refería a que alguien pudiese tener orgasmos dolorosos sino a los propios síntomas del orgasmo.
Sostenía que cualquier aspecto relacionado con el orgasmo era símbolo más del sufrimiento que del placer: convulsiones, sudoración, estremecimientos, taquicardias, respiración acelerada,... y que podíamos soportar el orgasmo porque dura muy pocos segundos, sino ni nuestro cuerpo ni nuestra mente soportarían tal castigo.

Evidentemente, era motivo de burla por parte de muchos. Otros intentaban, por las buenas y por las malas, convencerle de lo equivocado que estaba.
Yo simplemente pensaba que, o lo hacía para provocar cosa que conseguía, o ese pobre individuo no había tenido un orgasmo de verdad en su puñetera vida.

Ayer, casualmente, encontré este vídeo (maravilloso por cierto) y me acordé de aquel individuo. Quizás, y digo sólo quizás, tuviese algo de razón.



PD: Hoy estoy infinitamente cansada. Fumé, tomé un café, una copa más tarde,...cualquier cosa que me mantuviese de pie unas horas más. Ahora necesitaría una sesión de sexo, pero pasivo, pasivo total....o sea, no hacer nada, que todo lo hiciese mi acompañante, hasta que me quedase completamente extasiada y de ahí al sueño. Sin más. Sí, suena un poco egoísta pero "hoy por mí, mañana por ti".

viernes, 20 de abril de 2012

Correr, por Joan Gasull



Hacía mucho tiempo que no conseguía un regalo para mí, para el blog, para compartirlo con todos.
A veces llegan en formato de imágenes, otras en formato de relatos y la mayoría de las veces a través de conversaciones que llevan a alguna que otra inspiración.

Existe un bloggero vecino que escribe genial. Lo descubrí hace poco y aún no puedo opinar mucho de él. Pero una de las cosas que más me llamó la atención de su blog es un apartado o algo así en el que publica microrelatos de una creatividad considerable y que están formados por 69 palabras.

Le pedí que me regalase una para el blog y lo hizo sin dudar. Joan Gasull me envió esta historia:


Le pedí autorización para traducirla al castellano también, y nuevamente accedió. Entonces pensé que debía mantener su idea de 69 paraules (69 palabras). Me encasquillé un poco con una palabra en concreto y con el número de palabras en general, y al final hice lo podría llamarse "una adaptación libre", pero muy acercada a la versión original. He aquí la traducción:

"Tuve que correr mucho, cada vez sentía sus pasos más cerca y mis fuerzas más menguadas. Las piernas, carentes de fuerza por los momentos vividos poco antes, me llevaron a caer en una especie de nebulina oscura. Me hacía invisible a los ojos del padre de la joven.
Entonces, el olor de mis manos me provocaron una sonrisa que me decía: vale la pena correr este riesgo, cada noche."





sábado, 14 de abril de 2012

¿Hacemos un trato?


 Ya se han acabado las vacaciones de Semana Santa, aunque cada vez más gente las llama vacaciones de primavera (cuestiones religiosas, supongo). Hay quienes han disfrutado de cuatro días de vacaciones y otros de algunos más. Y aún hoy, hay quien puede permitirse el lujo de viajar, o de escaparse a otra ciudad, a una playa, a una casa en la montaña,…pero salir de la rutina, al fin y al cabo. 

Yo no he podido. Entre otras muchas razones, por cuestiones económicas. Pero me he dedicado a hacer dos de las poquísimas cosas que aún se pueden hacer gratis: respirar e imaginar. Y es así como imaginando, llegué a esta conclusión. Y se me ha ocurrido una solución para viajar o pasar fines de semana fuera de casa, de manera gratuita. La verdad es que ya se me ocurrió cuando hace unos meses un lector papá me anunció que se marchaba de puente con su familia. Le pedí que me llevase con ellos, que ayudaría más de lo que molestaría. 
Y ahí nace mi idea: Me ofrezco como canguro familiar. 
Sí, exacto, canguro para toda la familia
Cualquier situación a resolver que pueda darse en un fin de semana familiar, ahí puedo estar yo. 
Que los papás desean salir por la noche, yo me quedo con los niños. 
Que la familia al completo sale a cenar y papá ha bebido más de la cuenta, yo los recojo y los devuelvo a casa. 
Que papá y mamá quieren “jugar” a la hora de la siesta, yo me llevo los niños al cine, o a la piscina, o al parque…hasta que papá y mamá acaben. 
Que papá tiene ganas de pasárselo bien y mamá no, pues ahí estoy yo. 
Que es al revés: esto es negociable, pero creo que con la mamá a solas…yo no juego. 

¿Qué pido a cambio de mi casi completa y total disponibilidad? 
- Estancia y dietas a cargo de la familia. Esto no es tan caro; una casa rural, por ejemplo, suele costar igual con 4 que con 5 plazas, o igual si la casa es de dos o de tres habitaciones. 
Si se come en casa, donde comen cuatro, comen cinco. 
- El coste del traslado de mi ciudad al lugar de vacaciones y el de regreso será sufragado por ambas partes. El porcentaje es negociable. 
- Dispondré de una hora y media diaria para mi completa disponibilidad. 

¿Qué ofrezco a cambio? Soy experta ama de casa. Puedo encargarme de las tareas de limpieza y cuidado de la casa (si no se trata de un hotel). 

No soy una gran experta en la cocina, pero me apaño. Puedo cocinar si papá o mamá no tienen ganas de hacerlo. Mis especialidades son: ensaladilla rusa, pasta, ensaladas de arroces, huevos rellenos, tortilla de patata,… y hago unos bizcochos muy ricos. 


Si hubiese que planchar, decir que debo de ser de esas personas raras a las que nos gusta la plancha. A mí además me relaja. Claro que en un puente, no habrá mucho que planchar. 


Si los niños llevan deberes escolares que hacer para sus vacaciones, puedo ayudarles. Tengo experiencia con niños de muchas edades aunque mi especialidad es la etapa infantil, hasta los 7 años. Tengo titulación requerida. También soy monitora de ocio, para entretenerlos…cuando haga falta. 


No tengo titulación ni experiencia en cuestiones de masajes pero dicen que tengo buenas manos. O sea, que si papá se encuentra mal, cansado o tenso puedo ofrecerle mis masajes…terapéuticos. Venga, a mamá también. 


Tengo carnet de conducir. Para llevar y traer a los niños, a toda la familia, e incluso conducir durante el viaje de vuelta si me dejáis en casa.


Creo que es compensable para ambas partes, no? Venga…que el próximo puente está a la vuelta de la esquina!

viernes, 6 de abril de 2012

No lo inventamos nosotros











En estos días, no os dejéis llevar por la tentación.....¿o sí?


miércoles, 4 de abril de 2012

De convivencia





Trabajo en una empresa que se dedica a la asesoría económica, financiera y legal. Es una gran compañía con varias sedes en otros países, pero yo trabajo en la central. Aparte de comerciales y representantes, somos cuarenta personas en la oficina central.
Don Alfredo, el presidente, organiza cada año para estas cuarenta personas sus jornadas de convivencia. Alquila una gran casa de campo y lleva allí a sus empleados. Antes los hace organizarse por grupos: el que se encargará de hacer la comida, el que hará la cena, el que hará las compras, el que pondrá la mesa, el que la quitará, …y un grupo que prepara las actividades de ocio. Cada cual se apunta al grupo que más le conviene. Su idea es potenciar el trabajo en equipo y hacernos ver que cualquier papel es importante en el desarrollo del bien común.
Me escaqueé de la terrible convivencia durante tres años: el primero estaba con gripe, el segundo se casó mi hermana el mismo fin de semana y el tercero inventé una excusa creíble. Pero este año no pude escaparme, y menos aún cuando don Alfredo me lo pidió personalmente.

No tenía ganas de ir, no quería relacionarme con nadie de la empresa más allá de lo estrictamente laboral y me caía gordo Eloy, el jefe de la sección de Atención al cliente, el sobrino de don Alfredo, un chupóptero enchufado con aires de grandeza. Pero tuve que acceder y me apunté al grupo de Preparación del ocio, porque era el único en el que faltaba gente.
El primer día todo transcurrió con normalidad. Comimos, merendamos, cenamos…. Afortunadamente quienes se apuntaron a los grupos de cocina eran buenos cocineros. Realmente nos combinamos como buen equipo y allí no había categorías ni clases; quizás no fuera tan mala la idea de compartir, de convivir.
Llegada la noche empezamos con la parte de ocio. Había mucha bebida, yo bebí mucho, muchísimo. No sé si era por entonarme o porque quería llegar realmente a divertirme.
Empecé a estar animada cuando, en una sala enorme que había, montamos un karaoke con un equipo de sonido que llevamos. Algunos cantaron, otros desafinaron, y yo me dediqué a hacer de pinchadiscos, a seleccionar las canciones de los cd’s.
Jugamos también al juego de la mímica; unos escenificaban y otros adivinaban. Yo seguía bebiendo y bebiendo. Alberto, el chico de los recados, correos y encargos me pasó un porro. Y también me lo trinqué. No sé si fue eso o lo divertido de la escena pero creí mearme en las bragas cuando a Eloy, el sobrinito, le tocó escenificar un personaje, a Nacho Vidal. Se fue a la cocina, cogió un calabacín y se lo colocó en el pantalón. Y luego empezó a mover su pelvis.
Más tarde propuse jugar al juego de la manta. Varios voluntarios tenían que enseñar sus piernas, con los pantalones quitados o arremangados, mientras dos personas sujetaban una manta que les escondía tras ella. El resto valorábamos cuáles eran las piernas más bonitas, o mejor musculadas. Aquí observé que el rostro de algunos tipos no acompañaba a sus piernas, y viceversa.
En mitad de las risas y de un pedo descomunal que teníamos casi todos, sobre todo aprovechando que don Alfredo se retiró antes, llegó Luis, uno de los abogados de la empresa diciendo que había encontrado algo genial en la casa, en el sótano.
Y nos faltó tiempo para salir tras él. La verdad es que la entrada al sótano daba un poco de miedo; escaleras de piedra, antiguas, estrechas, oscuras… No sé si me daba más miedo eso o notar que las piernas ya no me sostenían en perfecto equilibrio.
Entramos a una estancia muy amplia, con algunas cajas de madera y telas (parecían sábanas), amontonadas en un rincón. Había cadenas colgadas de las paredes, y varios tipos de correas sobre una mesa. Allí hace tiempo que alguien tuvo que habérselo pasado muy bien. O muy mal (para gustos, los colores).



Pero lo que más me llamó la atención fue una pared de madera que había a un lado. La madera tenía varios orificios, circulares, todos iguales. A un lado de esa pared había una puerta.
¿Qué será eso?, me pregunté. Cristina, la secretaria de don Alfredo, dijo que parecía una especie de botellero. Y le dije que le apostaba lo que quisiera a que detrás de la pared no había ninguna botella, ningún barril ni nada parecido. Detrás de la puerta había una pequeña estancia, vacía, oscura, sin más.
Fijándome absorta en aquellos orificios en la madera, grité:

-"Ey, os propongo un juego –por algo yo era del equipo del ocio, no?- Unos voluntarios se meten en la habitación oscura, se sacan la polla y la meten por uno de sus agujeros, y algunas voluntarias de aquí chupamos todas las pollas para valorar cuál es la que más nos gusta, o cuál es el tipo que más tiempo aguanta una mamada. Ellos también podrán valorar quién la chupa mejor.

Todos me miraron muy serios. Menuda imagen iban a llevarse de mí; yo que tenía una imagen en la empresa de ser demasiado seria y estricta. Pero ya había lanzado la idea y tenía que continuar:
- "Bueno, como en cualquier juego, existen normas. No vale correrse en la boca de ninguna mamadora a no ser que ella lo permita. El dueño de la polla avisará para que ella decida si retirarse o si continuar. Y los chicos que no quieran meter su polla en el agujerito, se meterán también en la habitación, porque así no podremos saber por descarte quiénes son los dueños de las pollas. Si no hay agujeros para todos, os vais turnando.


Un momento de silencio casi sepulcral, unos mirando los agujeros y otros mirándose a las caras. De pronto, todos estallamos en risa y los chicos se dirigieron todos al cuarto oscuro.
A los dos minutos se asomaron por los agujeros seis maravillosas pollas, rosadas, brillantes. Parecían sabrosas salchichas expuestas en una carnicería. Las chicas empezamos a silbar y a piropearlas. Eso, y supongo que el roce de la madera, hizo que las pollas se mostrasen erectas en todo su esplendor, ya que cuando asomaron sus cabecitas estaban algo flácidas.
Fuimos cinco mamadoras voluntarias. Y nos anunciábamos a los chicos por números: “Empieza la mamadora número 1, chicos”.  Yo sería la número 4. Me resultaba muy excitante ver a María, otra abogada, arrodillada, chupando y lamiendo la primera polla. Y luego la segunda….la tercera….. Y excitante resultaba oir los gemidos de placer que provenían de detrás de aquella pared de madera.
Otro momento en el que casi me meo en las bragas fue cuando algunos de los chicos, no pudiendo contener el placer, empezaron a embestir el agujero, y la boca que había tras él. Pum, pum, pum….sonaba fuertemente en la madera. Me recordó a un macho cabrío que vi una vez, un semental, que cuando se ponía verraco, embestía fuertemente la verja tras la cual estaba.
Con la mamadora número 3, Elisa la telefonista, uno de los chicos no pudo contenerse y se fue, se corrió. Ella se apartó enseguida pero parte de la delicia blanca le quedó chorreando por su escote, hacia su canalillo. Elisa cogió su zapatilla y le arreó a aquel miembro brillante, que estaba viviendo su momento de gloria. Se oyó un fuerte alarido, seguido de un montonazo de risas de las chicas, pues los del otro lado no acertaban a saber qué había pasado.

Avisé: Chicos, os recuerdo que sólo la mamadora decide si tragar o no, vale?
Y llegó mi turno. Tenía mi polla favorita, la del agujero número cinco. No sé por qué, pero deseaba llegar a ella.
En la primera polla que mamé, oí una voz desde detrás del muro que gritaba: “Me voy a correr, me corroooo”. Aparté la boca, la cogí con mis manos y le acabé de masturbar. La segunda, tercera y cuarta pollas me parecieron normales; sentía en mi boca las embestidas de pelvis y deduje que quizás sus dueños no serían buenos folladores.
Y llegué a la quinta, mi favorita.  Mi apreciación visual no me falló. Era tersa, dura, suave, dulce,… y sus embestidas lo eran también, acelerándose, decelerándose,…. Su dueño suspiraba, gemía, y yo quería más y más. Me avisó, me pidió que me retirase, pero no quise; me apetecía llegar hasta el final, quería saborear todo lo que aquella polla podía ofrecer. Y la polla acabó escupiendo sobre mi boca aquella deliciosa y agridulce esencia.
El dueño de la polla 5, quedó gimiendo, mudo… y el resto de chicos aplaudiendo y vitoreando a la mamadora número 4.
La mamadora número 5 consiguió que el resto de pollas se liberasen de su tensión, utilizando levemente la boca y las manos, pues las pobres pollas llevaban ya mucho rato esperando desahogarse.
Los chicos enfundaron sus pollas en sus pantalones y salieron de aquella habitación. Todos nos miramos a la cara y empezamos a aplaudir, y a reir, pero todos mantuvimos el pacto de silencio, sin decir quién era propietario de qué polla ni qué número pertenecía a cuál mamadora.

Al día siguiente me levanté con una terrible resaca, y la boca muy espesa. Me  tomé dos cafés con sendas aspirinas. Suerte tenía de que no tendría que conducir ya que vine en el coche de Cristina.

Al cabo de un par de semanas, una mañana se me acercó Eloy, el sobrinito. No sé cómo se enteró de que yo había sido una de las mamadoras. Se acercó a mí, me besó en el cuello y me dijo al oído:
- "Nena, ya te dije que algún día me comerías la polla".
Evidentemente alguien no jugó limpio y dijo algunos nombres. Y yo llevaba noches de ardiente soledad, masturbándome como una loca, pensando en quién sería el propietario de aquella deliciosa polla del agujero número cinco. No sería la polla de Eloy, ¿verdad? No sabía si quería averiguarlo o no, pero tampoco quería vivir suspirando por el capullo de un capullo.
 Le contesté:
- Mmmm…. Y te gustó, verdad?
- Síiiii, mucho
- Pues no se repetirá. O al menos, tendrás que ponerte a la cola. ¿Te diste cuenta lo bien que se me dio jugar al parchís?
- ¿El parchís?
- Sí, querido: me comí una y me llevé veinte.


lunes, 2 de abril de 2012

Este tío es la polla!

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Dicen que el tamaño no importa, pero a veces tengo dudas. Espero que éstos al menos tengan lenguas hábiles y juguetonas



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domingo, 1 de abril de 2012

Amantes



Nos atraíamos y nos hicimos amantes.
Teníamos bastantes cosas en común: los dos estábamos casados, los dos teníamos hijos y los dos estábamos hartos de la rutina con nuestra pareja.
La primera vez que nos vimos quedamos para cenar, en un pueblo algo alejado del que vivíamos. Queríamos evitar encontrarnos con alguien conocido. La cena transcurrió con total normalidad, charlando sobre varios temas pero parecía más el encuentro entre dos amigos que entre un hombre y una mujer que buscaban compartir algo más que mesa y mantel.
Salimos del restaurante, nos besamos y cada uno se dirigió a su coche. Quedamos en volver a vernos, el próximo viernes (los viernes era el día que mejor nos iba a los dos por circunstancias personales y familiares).
Al viernes siguiente quedamos en un hotel. Él me mandó un sms con la dirección y el número de la habitación, indicándome que él me estaría esperando en ella. Subí ansiosa y nerviosa, y casi no me atrevía a mirar a los ojos de aquellos con quienes me cruzaba. Llamé a la puerta, me abrió, me besó y me pidió que me desnudase.
¿Así, sin más? ¿Sin precalentamiento?
Me enseñó un bote pequeño que llevaba en sus manos. Era aceite, con olor a no sé qué flores del paraíso, pero era un aroma embriagador. Me dijo que sólo quería darme un masaje y que sólo me follaría si yo se lo pedía.
Me desnudé y me tumbé hacia abajo en la cama. Vertió una pequeña cantidad en sus manos y empezó a extenderla por todo mi cuerpo. Luego me di la vuelta e hizo lo mismo, y yo mordía mis labios, me moría de placer pero no quería pedirle aún que me follara, quería disfrutar más de sus manos, recorriéndome.

 
El viernes de la semana siguiente fui yo quien intentó sorprenderle. Nos vimos en un hotel diferente. Compré unas cuerdas y cuando llegó le pedí que se desnudase completamente y después le até brazos y piernas a la cama.
Le dije que me moría por ver cómo su polla iba poniéndose erecta, dura, y todo ello sin que él pudiese tocarme ni tocarse. Me desnudé delante de él, empecé a acariciar mis pechos, a pellizcar suavemente mis pezones, bajé las manos despacio por mi vientre, y me masturbé. Tranquilamente, enfrente de él, mientras mi mirada iba ansiosa de sus ojos a su polla que, evidentemente, creció y creció, antes de que mi boca ávida le diese su merecido.
Otro de nuestros viernes estábamos realmente cansados por una semana laboral agotadora; estuvimos a punto de anular nuestra cita. Acordamos que veríamos tranquilamente una película en la tele, una de terror, nuestras preferidas, y luego haríamos lo que nos pidiese el cuerpo. Pero ese día, nada más entrar en la habitación, él me empujó contra la pared, me sacó zapatos y medias, y allí mismo de pie empezó a comerme el coño como nunca antes lo había hecho. Me corrí contra la pared, sintiendo en el último momento que las fuerzas abandonaban mis piernas y que caería allí mismo arrodillada. Entonces él me izó, yo rodeé su cuerpo con mis piernas, apretándome fuertemente contra él, y de esta manera follamos, de pie, golpeando la pared, como locos sedientos, sin tiempo ni siquiera para llegar a la cama que estaba a escasos dos metros.
Otra semana, en otro hotel, yo llegué antes que él y fui a darme una ducha. No sé cómo convenció al conserje de que le abriese, pero entró en la habitación y se desnudó sin que yo me enterase. Entró en el baño, dándome un gran susto, y se metió conmigo en la ducha. Nos dimos cuenta que no éramos tan jóvenes ni ágiles para follar apasionadamente impregnados en jabón y con el suelo de la bañera tan resbaladizo, pero encontramos la manera. Y una vez él me hubo enjabonado toda con sus manos suaves, e hidratado y estimulado convenientemente mi culo, me agaché, me agarré a una barandilla de seguridad que afortunadamente estaba colocada en la pared, y me lo folló fuertemente, pero todo sonaba, olía y se sentía maravilloso, mientras el agua nos iba cayendo encima. 


Fueron varias semanas de pasión,deseo, lujuria, sexo, excitación, erotismo… hasta este viernes pasado.
Después de tener tres polvos seguidos (algo extremo en él) y a cada cual mejor, nos abrazamos y nos besamos profundamente. Él apartó el pelo de mi cara y me habló al oído
- Querida, yo creo que ya hemos cumplido con creces lo que nos recomendó la psicóloga, ¿no crees? Es que esta terapia de pareja nos está costando una pasta entre hoteles y canguros para los niños.

No sé si tenía razón, no sé si habíamos recuperado algo o no, ni siquiera sé si es nuestra rutinaria cama la que nos llevó a aquel estado de dejadez y abandono. Si la terapia ha tenido buen éxito o no, lo sabré el próximo viernes, en que después de muchas semanas, volveremos a compartir juntos nuestra cama.