lunes, 28 de febrero de 2011

El escaparate


Es muy duro estar todo el santo día mirando el escaparate y no poder alcanzar nada.
Los veo donde quiera que mire, por donde quiera que vaya. Y me gustan prácticamente todos.

¿Alguien puede imaginarse lo que es estar más salida que el rabo de una sartén y tener cerca todos los días hombres? Hombres por doquier.

Conduciendo. En los semáforos se me altera la sangre. Miro al conductor que está en el otro carril, parado como yo, y me gusta. Veo los motoristas que se adelantan, para salir los primeros en cuanto el semáforo cambie a verde, y ver esos muslos, esas espaldas, ese culito apuntando hacia mi parabrisas,…es muy duro.

En el trabajo es constante. Compañeros de trabajo que siempre he visto como eso, como meros y algunos buenos compañeros, ahora los veo como hombres también.

Los clientes, que se sientan delante de mi mesa, y una tiene que aparentar profesionalidad y no saltar por encima de la mesa y follarme a más de uno allí mismo, en la silla.
Pero yo permanezco aparentemente impasible, aunque el fuego por dentro sólo me quema a mí.

A veces salgo a fumar para calmarme, otras me muerdo el labio inferior inconscientemente, otras aparto las manos del volante y las pongo sobre mis muslos, otras…en fin, se sobrelleva como se puede.

Es que una no puede ir por ahí diciendo: “¿Follas?”. Una se limita a esperar a que la ocasión surja. Y, aunque a veces intente provocarla, o yo soy muy sutil o ellos demasiado despistados.

Sería más fácil si fuese un animal, si el macho pudiese percibir a través de mi olor, o de mis actos, o de mis gestos,…que estoy en celo constante.

Pero no somos animales. Vosotros sois hombres –algunos cobardes, no os ofendáis- y yo sólo una mujer.

Y con las ganas de mover caderas y culo que tengo últimamente, lo haré con la nueva aportación musical, de nuevo de parte de Aliana (gracias Aliana). Tú me quemas….arderé en el infierno!


sábado, 26 de febrero de 2011

Ella y él

He aquí dos vídeos de la misma canción....calentita, también.
Por la letra, por la música, y mmmm, sobre todo por los vídeos. Creo que esta vez para todos los gustos.

No conocía la canción ni el grupo, supongo que no se oyen mucho por aquí, no?

Muchas gracias, MaRTiN, por tu aportación!!!







miércoles, 23 de febrero de 2011

Quiero tocarla

Me gustan todas. Nunca he visto, tocado, olido, saboreado y sentido alguna que no me haya hecho perder los sentidos.
Me gustan especialmente grandes, duras,...morenitas, blancas, de cualquier tonalidad.
Me excita enormemente verlas moverse, de arriba a abajo.
Es verlas, en todo su esplendor, y el deseo de acariciarlas se vuelve intenso.
Tocarlas con mis manos, sentirlas en mis labios es algo que me produce un placer intenso (pero no insuperable).
Es una de las partes del cuerpo masculino que más me han hecho perder la cabeza.
Probablemente será un intento vano, pero si alguno de vosotros, chicos, se anima a mandarme una foto de la suya, me deleitará enormemente y la publicaré por supuesto (bajo anonimato si así lo preferís).

lunes, 21 de febrero de 2011

¿Vemos un vídeo?

Un lector (gracias G) me ha enviado este vídeo con el título Vida de casado. Es una escena de cama entre una pareja supuestamente casada.

En principio, después de verlo (y no excitarme apenas nada hasta el segundo visionado), me ha dado en analizarlo un poco. A ver qué os parece.

Yo he visto algo que me indica que sí, que podría ser una pareja casada y por tanto, se le presupone que aburrida. Y he visto algo que me indica que es un montaje.

¿Lo comentamos junt@s? ¿Alguien se anima?

video

viernes, 18 de febrero de 2011

Ellas van de dos en dos

¡Qué mala fama tenemos las mujeres de ir de dos en dos al baño! No hablaré sobre el tema que ya hay mucho dicho y escrito al respecto.
La verdad, yo nunca encontré a un hombre que quisiera acompañarme al baño. Quizás es por eso que ahora (a la vejez viruelas!) una de mis fantasías sexuales es mantener sexo con un hombre en un lavabo público.

Pero esta vez, las canciones va de mujeres, de esas que se aman entre sí, de las lesbianas.
De verdad, chicas, que creo que es una opción muy inteligente: enamorarse de una mujer. O mantener sexo con una mujer.
¿Quién mejor que una mujer para saber lo que a mí, como mujer, más me gusta?
Pero lamentablemente, mis genes (o lo que sea) no me han dado esa inclinación. Me gustan los hombres. Y mucho. Y cada vez más.
Y, aunque algunos puedan pensar de mí lo contrario, no soy muy exigente en cuanto a hombres se refiere.

Aquí os dejo dos "canciones calentitas" sobre el amor/sexo (cada vez los distingo menos) entre mujeres.

La primera, archiconocida. La segunda, no la conocía de nada, pero gracias a que
algun@s empezáis a aportar algo (muchísimas gracias, Aliana), pues ha llegado al blog el ritmo del sur.





lunes, 14 de febrero de 2011

El día del amor


Día del amor, de los enamorados. ¡Qué bonito! ¿Y cuánto dura el amor? ¿Hasta cuándo dura el deseo?

Habrá respuesta para todo y para todos; cada cual nos basamos en nuestras propias experiencias. Pero hoy expondré una teoría; no sé si exactamente como me la explicaron, pero sí al menos como la entendí y como la recuerdo.
Porque me la explicó R., sentado frente a mi mesa, y yo le escuchaba pero no podía dejar de mirar sus maravillosos ojos azules, el primer brillo plateado de su pelo y no podía tampoco dejar de pensar en cómo sería verle desnudo, qué sentiría tocándole.

Pero al grano:

Según R., antropológicamente las parejas no pueden durar más de 10-12 años, como máximo.
Esto sucede así porque ya desde la Edad de Piedra, los primeros hombres no duraban ni eso con sus parejas. En este caso era por una cuestión vital: la esperanza de vida de aquellos hombres era muy corta, y por tanto, poco duraba también lo demás, incluida su relación con su mujer, con su hembra.

De alguna manera, es como si esto se hubiese quedado grabado en la memoria genética y por esta razón -simplificando mucho la explicación- sucede que cuando llevamos ese tiempo con nuestras parejas, las cosas empiezan a fallar.
También es por esa razón -entre otras muchas, claro está- por la que sufrimos la consabida crisis de los 40 (pero esto es tema para otro día).

Y esto me llevó a hacer unos cálculos:
Si parto de la base de que la gran mayoría de parejas que llevan 12 años de relaciones sólo follan una vez a la semana (suele ser el consabido sábado-sabadete), resultan aproximadamente unos 54 polvos al año.

Si concentrásemos esos 54 polvos en tres semanales (yo creo que está bastante bien esta media), nos daría un total de 18 semanas, o lo que es lo mismo, 4 meses y medio.

Si partiésemos de un cálculo de un polvo diario (todo un sueño para cualquiera, al menos para mí sí), nos daría algo menos de dos meses.

Los polvos de un año, bien repartidos, los hemos concentrado en algo menos de dos meses. Si esto lo multiplicamos por 12 años (que es lo que una pareja estable puede más o menos aguantarse, o estar medianamente bien), nos da un total de 24 meses.

Conclusión: se puede aguantar a tu pareja al menos durante dos años si te mantiene content@ sexualmente, a diario.

Parece frívolo, lo sé; en una relación hay mucho más que compartir que el sexo, pero si éste falla, tanto cuantitativa como cualificativamente, la relación se irá al carajo antes de lo previsto. Y creo que pocas relaciones se salvan.

A pesar de todo... feliz día a los que estéis enamorad@s.



sábado, 12 de febrero de 2011

La que más

Y he aquí otra más.
Creo que es la canción más calentita que he oído nunca.
Ésta quizás tenía que haber sido de las primeras, si hubiese un orden cronológico, pero no, no se trata de eso.
El orden de las canciones será tan caótico como mi vida sexual.
Esta canción me excitó muchísimo la primera vez que la oí; hasta llegué a pensar que no se podía cantar así, que había que estar sintiéndolo para gemir así.
(Te la hubiera cantado alguna vez, gimiendo incluso mejor, pero te fuiste.........)



miércoles, 9 de febrero de 2011

Informáticos (pasea por mi red)


Los informáticos me apasionan, son unos artistas de la tecla, suelen tener dedos ágiles, y suelen ser raros, parecer abstraídos a veces en su mundo de códigos y sistema binario, pero cuando bajan al espacio terrenal, son pura maravilla.
Algunos, sin embargo, se creen dioses o semidioses, por dominar un terreno en el que muchos sólo nos embarcamos como meros usuarios, y sin ir más allá de simples funcionalidades. Éstos, para mí, quedan relegados a un segundo, tercer o último plano. No me interesan los dioses en ningún terreno.

En mi trabajo tengo que recurrir de tanto en tanto a ellos. Por conveniencia profesional, por simpatía personal y porque a todos nos conviene, yo me llevo genial con ellos, vienen enseguida que les requiero y suelen solucionarme los problemas que les plantee.
Sin embargo, a veces tengo que pararles los pies. Ellos llegan y te dicen: “mira, esto es muy fácil, haces esto, picas allí, minimizas, entras allí, sales de allá, reseteas,…..” Total: te han echado cincuenta movimientos en el teclado, te han solucionado el problema, pero te has quedado a dos velas sin saber cómo lo han hecho. Y yo necesito saber el cómo, por si me vuelve a suceder.
Y les digo: “mira, esto es como el sexo. Hay que ser prácticos, eficientes, rápidos a veces si la ocasión lo requiere, pero por favor….empieza despacito, suave, con calma…..y déjame que te acompañe en todos los pasos”.
Se ríen –alguno se corta- pero empieza de nuevo, y esta vez lo voy entendiendo, y se culmina con el clímax (la satisfacción) de que logro solucionarlo por mí misma.

Me siento mimada por ellos, y ellos saben que es mutuo, aunque a veces es difícil repartir el mimo y las atenciones entre más de 150 compañeros. Me enteré recientemente que fui tema de conversación en su círculo, en sus desayunos; estuvieron debatiendo sobre mi cambio de aspecto físico, y verbalizando cosas que no se atreverían a decirme a la cara. Pero ahora que lo sé, cuando vuelvan a bajar a mi despacho, haré que sus explicaciones sobre procesos sean aún más detenidas, más relajadas.

Hace poco conocí e intimé un poco con otro informático, éste no de mi empresa. Éste me encendió y me apagó varias veces, me ha dejado el disco duro lleno de datos, recuerdos y sensaciones, casi logra cambiar mi sistema operativo, volvía loca todo mi sistema, y al final le dio al ESC(ape) y se largó.

Y hablando de informáticos…..si alguno, o alguien con conocimientos y paciencia está disponible, me gustaría que alguien me echase un cable (con instrucciones claras y precisas), para instalar aquí en el blog un mini-chat. Puede ser sencillo pues en principio sólo lo tendré de prueba una temporada. Si lo logro, luego vendrá lo difícil….que alguien quiera hablar conmigo públicamente, pero ése es un reto que tampoco me corresponde a mí.





domingo, 6 de febrero de 2011

Hasta la médula




Otra canción calentita más para la colección.
Ésta me llegó a sugerencia de Torrante (gracias, Torrante, por estos maravillosos minutos de sugestión).
No la conocía. Después de escucharla, veo que me gusta, me encanta.
No sólo me excita, sino que me emociona (hasta la médula). Excitación y emoción unidas…..mmmm…. es mi mezcla más explosiva.
El comandante de mi parte de delante………..¿algún comandante en la sala?

viernes, 4 de febrero de 2011

De súbdita a reina




Mi jefa se prejubila; supongo que, como cualquiera que lleve más de la mitad de su vida trabajando, se lo merece. Hace unos días que corre por la empresa el rumor de que su puesto será para mí, pero a mí nadie me ha notificado nada. No me importa; de hecho, creo que si me ofrecen ese puesto, renunciaré a él; es una mejora económica sustancial pero también requiere de una dedicación y una exclusividad que no sé si estoy dispuesta a ofrecer. Y eso que probablemente yo pudiese desempeñar ese puesto eficazmente, después de ocho años siendo la mano derecha de quien lo había manejado magistralmente.


Hace dos días, muy tarde ya, no quedaba nadie en la empresa, excepto mi jefa y yo y el vigilante de seguridad, que debía estar en su puesto.
Nos encontramos las dos en el lavabo. Me preguntó si yo estaba interesada en su puesto. Y le dije: “Sí, por qué no?”. Y me contestó: “Pues me vas a comer el coño”.


Me quedé estupefacta, sin saber cómo reaccionar; no entendía qué quería decir y por otra parte, no era su estilo hablar de ese modo.
No sé qué se apoderó de mí, pero le di tal empujón que hice que cayera sentada en la taza del inodoro. Metí mi mano por la cintura de su falda, y por debajo de sus medias y sus bragas, y empecé a acariciar su coño con mis dedos. Ella no decía nada, parecía impasible en su papel de jefa “seria y responsable”, pero tampoco hizo nada para impedirme que continuase.
Creo que le gustaba, pero mis caricias no hacían que se humedeciese; probablemente hacía mucho tiempo que no lo hacía. O quizás fuese mi inexperiencia…..nunca antes tuve ninguna experiencia sexual con ninguna mujer.


Le quité la falda, las medias, las bragas, sus imponentes zapatos de tacón….y continué acariciándola, introduciendo mis dedos en su vagina, mientras que con el pulgar dibujaba círculos y elipses en su algo marchitado clítoris.
Después, decidí pasar a la acción oralmente. Empecé a lamer su coño, de arriba a abajo, centrándome en el punto que más placer parecía darle a ella. Se humedeció….totalmente, como una quinceañera. Cuanto más la chupaba yo, más se contorsionaba ella, empezaba a gemir, ruidosamente,….. Le pedí que se callara o el vigilante podría escucharnos. Para silenciarla un poco, introduje mis dedos en su boca,….se retorcía de placer, el placer de saborear su propia intimidad.


Yo nunca había hecho esto antes. Nunca me habían atraído las mujeres, y no creo que aquello cambiase nada. Ella se estaba volviendo loca, retorciéndose,….pero yo no sentía nada. Nada salvo el morbo de saber que mi lengua podía provocar mucho, mucho placer y no sólo en los hombres, y la satisfacción morbosa de verla allí, a punto de abandonarse, a mi merced….. Paré, y ella me suplicó que siguiese, que siguiese, que no me detuviese por nada del mundo,……


Entonces me arrodillé frente a ella, coloqué sus piernas sobre mis hombros y hundí mi cabeza entre sus piernas. Agarré con mis manos su culo, para presionarla más contra mí, contra mi boca, y mi lengua lamió, succionó, jugueteó…mientras mi jefa gritó bajo unas placenteras convulsiones.


Salí del baño y le dije: “El puesto me la suda. Pero te aseguro que tú te vas a acordar de mí durante mucho tiempo”.


Volví al despacho, mientras ella se quedó en el baño recomponiéndose, vistiéndose, e intentando aparentar normalidad.
Miré hacia la mesa supletoria del despacho, ésa donde tantas horas habíamos compartido repasando números, elaborando proyectos,….y lancé bruscamente al suelo todos los documentos y dossiers que había sobre ella. Había soñado muchas veces con hacer aquello.


Me quité las botas, los pantalones, las bragas,….y me tumbé en la mesa, y empecé a masturbarme.
Estaba excitadísima, y hasta podía oir el alegre chapotear de mis dedos en aquel rincón tan húmedo, suave,…No sé qué me excitaba más; si el hecho de estar sobre la mesa de reuniones, el hecho de que quizás mi jefa me pillase (aunque poco me importaba ahora), o la cara de culminación orgásmica de mi jefa que se me quedó grabada en la retina por unos instantes.
Cuando estaba a punto de correrme, mi jefa apareció en el despacho. Yo, algo sobresaltada pero muy excitada aún, seguí acariciándome, reteniéndome, sabiendo que tenía que acabar aquello aunque no sabía muy bien cuándo.


Mi jefa se dirigió hacia el escritorio y cogió un objeto abstracto que nunca supimos qué era. Fue un obsequio que alguien le trajo de un viaje de negocios; era una especie de bate de béisbol sobre un soporte, elaborado con madera.
Se acercó a mí, retiró mi mano de mi propio coño y sin mediar palabra, introdujo el raro objeto fálico en mi vagina. Sentí una gran presión inicial, por el tamaño y la textura del objeto. Pero a medida que ella lo introducía, y lo sacaba, para volverlo a introducir nuevamente, poco a poco,….mi vagina se acopló a él, y empecé a sentir oleadas de placer,…..


Cada vez más, cada vez me urgía con más presión, con más fuerza, a mayor velocidad,…. Y ella debía saberlo, evidentemente, porque así lo fue haciendo. Finalmente me corrí; el orgasmo llegó mientras yo acariciaba mis pechos y mi jefa hacía lo que había estado haciendo durante ocho años: joderme. Pero esta vez, literalmente.




Cuando empecé a recuperarme, mi jefa sacó el objeto-souvenir de mi coño y empezó a chuparlo, por la punta, de arriba a abajo, como si fuese una deliciosa polla. Y luego volvió a depositarlo tranquilamente encima de su mesa.
Me vestí. Recogimos todos los papeles esparcidos por el suelo. Apagamos las luces para marcharnos. Ella me dijo:
- Mañana, quiero que vengas una hora antes. Necesito el estudio de ventas del mes pasado para media mañana.
- Me vas a comer el coño- le dije, dejándole bien claro que no iría a trabajar antes de mi horario.
- ¿Ahora? ¿Lo quieres ahora?- me dijo.


Me fui hacia al aparcamiento sin contestar.